Los feroces guerreros del gran imperio,
fuerzas excelsas de los designios de Marte,
se dieron temibles ante el vanidoso mercader de las mentiras rimbombantes.
Azem Nai, el emperador de los cobardes,
solo experimentó el hundimiento de sus propias miserias,
para auto-evidenciarse como un charlatán comprador de verdades falsificadas por embaucadores.
La verdad aplasta al gran cobarde,
lo aisla, lo intimida, le atormenta hasta las últimas fibras de su penoso espíritu,
lo fuerza ante la ruina, el silencio, la derrota, la expulsión y la anulación de toda inteligencia.
Porque Azem Nai no es nadie frente al imperio de Kalir Bujah,
el imperio de las verdades eternas. Su poder es nulo frente a la excelsa presencia de nuestros emperadores.
El enemigo del pueblo fue expulsado, y aislado de las grandes esferas y derechos,
se le dejó aislado en cubículos inertes, tormentosos, sin posibilidad alguna de escape.
El cobarde enemigo fue aislado en sí mismo y derrotado ante la verdadera voluntad,
porque Serolf Reivaj opacó su falsedad y le obligó a Azem Nai a admitir su inevitable derrota.
Las puertas se cerraron para el enemigo,
una clausura mayor fue la que se vio por allá en el origen de los eones,
y la inmundicia de las falsas apariencias se pulverizo frente al rayo de la verdadera inteligencia.
Azem Nai perdió todo poder, y se convirtió un vagabundo taciturno de sus propias mentiras,
su vanidad se corrompió en tormento y horripilancia putrefacta, y el imperio de las luces triunfó digno frente a las mediocridades de quienes se osaron pensarse como mejores.
Nuestros emperadores Serolf Rival y Aileda-Ralip tuvieron gloria eterna
y su luz resplandeció hasta los contornos mismos de la eternidad.
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