lunes, 3 de noviembre de 2025

LA PROTECCIÓN DE LOS MONARCAS




Nuestro matrimonio real,

nuestro matrimonio sagrado,

augusto, grandioso,

nuestros grandes monarcas incandescentes,

Serolf Reivaj y Aileda-Ralip,

estaban protegidos por las grandes fuerzas de Dios.


Nuestros grandes señores,

poderosos en sus usanzas,

nobles y sabios en sus decisiones,

estaban presididos por las estrellas y aprobados por las fuerzas trascendentes.


Su matrimonio sostenía el universo,

eran los grandes gestores del reino,

que con su fuerza sostenían la cohesión del hermoso cosmos perfecto que allí habían construído.


La vida les protegía, y ellos también se cuidaban mutuamente.

Su vida personal resonaba de puro amor y goce,

de puro sentido y plenitud,

en el que sus cuerpos se gozaban en coito y quintaesencia,

en el que ambos se reconocían como unidos bajo un lazo indestructible e imperecedero.


Serolf Reivaj y Aileda-Ralip sostenían su cosmos con placer,

con empuje,

con sentido y un gran hálito de destreza,

de facilidad y soltura,

con una dicha que hasta los dioses admiraban en la lejanía de sus estancias.


El cuidado es la palabra,

el cuidado es la tónica,

ambos en una relación sincera, llena de pasión y conexión,

gobernaban su poderoso imperio,

y le hacían florecer en grata abundancia y profundidad mística.


Su reinado duró hasta la misma esencia de la eternidad,

su reinado no tuvo fin,

su matrimonio fue eterno.


Así se gozaban nuestros excelsos emperadores,

que en las alturas de su trono destinaban al imperio a la mayor de las glorias posibles.

 

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