Las fuerzas de la vida,
las fuerzas de la realidad
conviven juntas con coherencia y unidad indestructible.
Los viejos dioses, las inteligencias planetarias,
danzan gustosamente con los arcángeles del desierto.
Kalir Buhaj es el receptáculo donde todas las fuerzas del espíritu conviven armoniosas bajo la guía del silencio de Dios.
La red de vínculos invisibles dotan de opulencia y gloria a los aposentos de los justos,
le proveen de la sabiduría necesaria hacia la visión de la quintaesencia,
beben del néctar de aquella propesa que se dio a revelar en los anales de la historia originaria.
Kalir Bujah, el pueblo prometido,
bajo la guía de los hermosos y sagrados emperadores,
Serolf Rivaj y Aileda-Ralip,
hieros gamos de los triunfos intemporales,
fuerza doble conjugada hacia el coito sideral de los grandes encantos,
porque Kalir Bujah era un reino de magia y hechicería profunda,
de gran poder invisible sobre todos sus súbditos y pueblos inferiores.
Las fuerzas de Dios,
en un entramado complejo de luminosidad,
que expelen abundancia a todo su paso,
oro filosófico,
oro real,
una ciudad rica llena de placeres,
de goces, de especias,
de sexo desenfrenado
y sabiduría dionisíaca por doquier.
Misticismo lujurioso,
misticismo coherente,
misticismo transparente,
donde la realidad de los arcanos anteriores se entrevé en el coito de las musas exquisitas.
Todo se da en extremada plenitud y prosperidad,
todo marcha hacia la gloria milenaria,
hacia el estandarte de los dioses del futuro,
la deificación de la realeza,
destinada a la eternidad y al podio central del gran Olimpo.
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