viernes, 3 de abril de 2020

FIGURACIÓN DE LA IMAGO

Hace un tiempo ya que
desde lo intuido en la presencia inmediata
se ha hecho evidente la necesidad de un centro.

Centro de consciencia y de transformación de las energías,
centros de cruce y apertura de mundos.

A veces las cosmogonías horizontales no brindan el empuje de volar tan alto,
y uno debe ingeniar la construcción de escaleras que rocen de más cerca a los rumores
del viento.

No quiero caer en el cliché de la cruz,
pero debo admitir que me veo tentado,
pues de otra forma, ¿cómo podría yo figurar imaginatio capaz de dar síntesis a la oposición de las bestias?

Los mapas de oriente también ayudan,
pero se me hacen cada vez más lejanos,
o como inoperantes en detalles y vacíos a los cuales caigo de hace algunos años.

¿Sería acaso posible unificar todos los puntos cardinales en una sola visión?

Que no sean necesarias las ideologías,
ni cartografías esotéricas,
tan solo la penetración implacable en la realidad sin ningún tipo de adorno aparente.

Es vertiginoso y tremendamente oportuno para aquellos
que no saben otra cosa que buscar en mercados de segunda mando,
o quizás usurpar tesoros secretos de monarquías galácticas.

Desde aquello solo quedaría el asombro sostenido,
de verse perpetuamente indescriptible,
en la situación completamente ordinaria de ser un ser pensante,
consciente,
vacío en la posibilidad de hallar un final,
en este festín cósmico llamado vida cotidiana.


J.F.

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