Timbres lejanos
pero que resuenan cerca,
Una voz que me perturba,
pero que seduce en su misterio,
Las orquestas van y vienen
y la sonoridad tecnológica se funda en horizontes que se pierden.
Ir y venir es la tónica de la noche,
cuando las interrogantes ocurren mientras el torrente verdoso continúa.
Y vibraciones,
buenas vibraciones
y esa voz hermafrodita que se extiende hasta el abismo,
buenas vibraciones,
e inquietantes planicies.
Ondas,
de acero y de luz,
de lentitud socavada y penetrante,
Ondas,
y oleaje incontrolable,
pero en armonía asombrosa,
Se acalla de apoco la señal lejana,
del Egeo menor que recordé en mis sueños recientes,
y se funde la música en un silencio estruendoso que no logro comprender.
J.F.
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