Pues claro que había algo que realmente funcionaba, pues el dinero llegaba y llegaba por torrentes inimaginables. Transferencias y transferencias, pagos y pagos que recibía el gran Mago bajo las estrellas taciturnas. El espíritu del dinero se comportaba extremadamente bien con aquel viviente, se daba expansivo hacia todas las esferas del ponto.
Pues claramente la influencia jupiteriana estaba presente en aquellas cuestiones, y los querubines grises daban buena merienda en los sueños respectivos, donde las estancias eran la recarga de nuevas manifestaciones venideras.
Dado que la realidad se tornaba al favor del dinero abundante, los movimientos podían darse libres en las aliteración de los estadios perfectos. La imaginación era sinónimo de acontecer, y lo que se daba en el logos entrepito retornaba en cuan sólida abundancia, como cascada de recetas y resúmenes diversos.
Así las escalas de las estampas diferentes, fueron todas las costumbres de los grandes alados que se fueron a dar por allí en las migajas de algún pato reciente de aquellos figurantes estantes. No debería haber estado en las distancias aquella diferenciación, pues claro la arrogancia no era justa en aquella seguidilla de distancias asquerosas y decrépitas distinciones. Seguramente las diversps aconteceres ecuánimes de aquellos misticismos imperecederos, que se dieron bien puestos en el loto definitivo del verbo distinto, fue aquella sustancia que entretuvo a los gigantes mientras Zeus daba buena merienda al incremento de su poder.
Fueran así las cosas, todo se daría tremendamente efectivo, y así fue y es. Lo que se dedica se disfruta y lo que se genera se desenvuelve bien bajo las galletas siderales del monstruo azulado de mis escapes tenues. Si el telón de aquella película fuera evidente por los muchos, se harían hogueras para quienes no se den a entorpecer en las caderas de las señoras displicentes.
Pues así es que, en realidad el dinero funciona bajo las llaves del gran mago, se proyecta, se diversifica, se multiplica sin precedentes ante la mirada atónita de quien mira. Porque Dinero y Hermes son uno, o más bien, el segundo la inteligencia del primero. Ambos se pertenecen en un espectacular canto grandilocuente.
Que sea así el mañana fusionante, donde la unidad sea magia y el todo buena usanza.
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