lunes, 12 de enero de 2026

EL MERCADER DEL PUERTO CENTRAL



El mercader estaba pasando por unos días en los que el ritmo de comercio había bajado en comparación al mes anterior. Esto era natural, pues la estación estaba entrando en temporada baja, donde las transacciones de especias disminuían su ritmo de forma estacional. El mercader, cuya sabiduría y mesura le caracterizaban, no tenía temor, pues sabía a ciencia cierta que aquel “baja” de las ventas se modificaría en tan solo unos días.

Además de inteligente, responsable y capaz, el mercader, quien dirigía una red de importación de especias y objetos preciosos, tenía una relación próxima con el dios Júpiter. El mercader, tiempo atrás, se había encomendado al monarca celestial para ser dirigido y auspiciado en la expansión de su reinado mercantil. Sin duda la relación del mercader con Júpiter le trajo el mejor de los futuros, pues desde el inicio de su trabajo con el rey trascendente, sus ventas se dispararon y múltiples puertas se le abrieron para expandir su economía.

En esta certeza mágico/espiritual es que esa misma noche, cuando su familia ya dormía, el magnánimo mercader dirigió unas palabras a Júpiter, para ser ayudado en la potenciación de sus ventas. El mercader, en sincero rezo, se le dirigió así a Júpiter: 


“Oh Júpiter, monarca benefactor, rey de todo lo que existe y regidor de la cohesión de los reinados profundos, Júpiter, acude a mi llamado para que me ayudes a potenciar mis ventas mercantiles, que durante las últimas semanas han experimentado una baja. Quiero que las potencies, y mis ventas aumenten. Quiero que el dinero se multiplique y me lleguen muchos clientes con los cuales pueda hacer crecer mis mercancías. Escucha mis palabras Júpiter y ayúdame.”


Y habiendo dicho tales palabras, el mercader cerró su altar con la certeza de que sería escuchado. Sin duda así fue.

Durante los días siguientes, hubo un notable cambio en el ingreso del dinero. Parecía de pronto haber más demanda y más solicitudes de especias y productos. Los clientes se habían reactivado y el flujo de dinero ingresado había vuelto a su torrente normal.

Muy tranquilo quedó el noble mercader al corroborar que su petición había sido escuchada. Esa misma noche, como agradecimiento, el mercader ofreció un pedazo de carne como ofrenda a los trabajos realizados. El mercader sintió en su corazón que Júpiter lo recibía jubiloso, lo que le dio mucho gusto.

Así sucedían los días de uno de los mercaderes más influyentes del puerto principal de Kalir. Nuestro mercader no solo era testigo de la consagración de su red poderosa de comercio, sino también el crecimiento omnipotente del sagrado imperio kaliriano. Dentro de los rumores y las noticias que llegaban de los viajeros, se decía que las campañas militares estaban logrando una expansión imperial sin precedentes para la historia de la ciudad.


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