Y la banda sonaba extremadamente bien en esos escenarios, en aquel primer concierto que Opus Imaginarium dio al gran público. La sinergía y la potencia era extraordinaria: los acordes pastosos de Javier y su fraseo blusero maravilloso se entrelazaba el robusto bajo de Andrés y la exquisita batería de Benjamín, que recordaban con honores al mítico Cream de los años 60. El público escuchaba sorprendido y tremendamente grato del show impresionante que estaba presenciando en aquellos escenarios. La banda tenía un poder y una organicidad tan potente, que era difícil colocar en palabra lo bueno que eran: era una banda tremendamente original y con un sonido exquisito y virtuoso, un power trío con toda propiedad y justicia.
Allí estaba también Pilar-Adelia, que miraba a su amado Javier tocar la guitarra de una forma monstruosa. El éxtasis se expelía y Pilar-Adelia entraba en una dimensión muy sensual. Lo veía tocar, y se enamoraba aún más de su marido, que tan sexymente se instalaba en los escenarios y encarnaba el más extraordinario blues que podía conocerse.
Aquella tocata fue la primera presentación exitosa de muchas que la banda tendría en todo su recorrido. Había nacido un monstruo del blues rock, y ese monstruo se llamaba Opus Imaginarium.
No hay comentarios:
Publicar un comentario