¡Oh, Mercurius! Dador de la buena suerte y la riqueza gozosa, ya es tu día y quien te adora te canta desde el podio de su consciencia poderosa. Mensajero de los dioses, mercader de los grandes movimientos, benefactor de millonarios y trabajadores enriquecidos, asesino de Argos, auspiciador de Perseo, rescatista de Perséfone y de Psique en las profundidades inciertas de la invisibilidad eterna. Tú, quien fuiste el favorecido de Zeus y se te concedió el divino don de la charlatanería mística; tú, quien engañaste a Apolo con la desvergüenza extraordinaria de tu engaño; tú, quien no dudaste en tu deseo hacia Afrodita en el divertimento de la ridiculísima escena de la infidelidad y la buena telenovela. Yo a ti te canto, sacro Mercurio, protector del reino Kalirvaliano, protector de mi crecimiento económico, protector de todos los héroes que a ti se acercan en busca de consejos y de buena suerte. Te canto porque tu hermosura no cabe en la pequeña palabra, porque el goce es eterno, es inconmensurable, porque la suerte de tenerte como maestro es digna de un milagro trascendente, porque tu ser sobrepasa todos los conceptos, porque a tu velocidad ningún “ver” le atrapa, porque tu quintaesencia es la búsqueda de todo alquimista dedicado, porque tu grandiosidad es capaz de multiplicar las riquezas hacia la eterna beatitud del lujo y la nobleza. Porque eres la vida en movimiento dándose a sí misma en su infinito misterio, que eres fuerza sideral, misterio infinito, porque eres la multiplicidad de los fenómenos, el caleidoscopio de la consciencia que proyectó todas las posibilidades en un solo punto, porque eres el conector de todas las hénades y quien eleva al alma hacia su origen divino por derecho. Eres amistoso con los hombres, Mercurius Lucrum, eres amistoso conmigo, Mercurio sideral, porque agradezco de ti cada uno de tus beneficios, agradezco tu omnipotencia y omnisciencia, agradezco la ayuda que le brindas a mi voluntad para que encuentre los fundamentos originarios de su propio misterio, para que logre siempre conseguir lo que quiere en su deseo ferviente. Porque con fuerza yo te canto y te rezo, Mercurio, y así te pido la suerte divina de aquí hasta la eternidad. Que los astros siempre obedezcan a mi palabra, que la realidad se mueva siempre a favor de mi voluntad, que mi magia sea por siempre poderosa, que todo lo que quiero sea materializado por el acto mágico de mi propio poder. Que la vida se dé siempre buena, Mercurio, que mi dinero siempre crezca y se nutra en la exquisitez de sus movimientos, que mi prestigio incremente y pueda conquistar una vida de nobles, que yo y Pilar-Adelia siempre estemos protegidos por ti, que tengamos buena salud y que nuestro amor siempre logre grandes cosas. Que la música sea un poderoso motor de toda mi magia, que la creatividad esté siempre de mi lado y tenga siempre buenas ideas, que esté siempre en tu flujo de éxtasis para conseguir astutamente todo lo que quiero. Que el mundo obedezca mis palabras y pueda crear un universo según lo que deseo en mi interioridad fogosa e intensa.
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