Fue así como entonces Javier y Mercurio entraron a un salón, que parecía un espacio de práctica de artes marciales. Había una decoración inusualmente oriental (considerando a la cultura grecolatina a la que solía asociarse Mercurio), que le daba al lugar algo solemne y también marcial.
Mercurio se paró frente a nuestro protagonista, como a unos 4 metros. Mercurio flectó un poco las rodillas mirando fijamente a Javier. Si bien el chico, por un momento pensó que Mercurio quería tener una suerte de combate, luego se dio cuenta que lo que quería era entrenarlo, pero no en un sentido de “lucha”, sino a través de una práctica en el que el dios pudiera transmitirle algunas enseñanzas.
Fue así que el dios, desde su pecho comenzó a irradiar una poderosa energía naranja que se proyectó con fuerza sobre el pecho de Javier. Era un torrente energético potente pero agradable. Javier no tenía del todo claro de que se trataba todo esto, pero comenzó a intuir que Mercurio quería traspasarle alguna de sus cualidades a través de ese ritual. El torrente de energía parecía una “transferencia” de poderes, una iniciación beneficiosa que el dios quería realizar en él.
Luego, además del torrente del pecho, Mercurio extendió sus manos con las palmas abiertas, y de ellas otros dos haces de luz se proyectaron hacia las manos de Javier. Javier sentía un aumento de la energía, una energía naranja extraordinaria, transformadora, lúdica, irreverente, creativa, abundante. En la medida que el torrente iba entrando la comprensión de nuestro protagonista iba perfeccionándose hacia entendimientos que eran difíciles de verbalizar, pero le hacían sonreír de una forma en que la risa era ya casi inevitable. Javier comenzó a reírse genuinamente, como extasiado de la energía que iba entrando. Era como si Javier fuera comprendiendo atisbos de la mente de Mercurio, y recibiera intuiciones fundamentales respecto a sus caminos de vida, a las formas de aproximarse a sus deseos y voluntades más profundas. Javier tenía mucha claridad en ese momento.
De pronto, el torrente cesó. Mercurio miró a Javier como diciendo “por ahora es suficiente, esta es la primera de tus iniciaciones”. Javier comprendió que Mercurio le había dado un gran obsequio, un obsequio que le ayudaría a sus intenciones en su mundo de vida. Con este poder, el flujo de la abundancia, la buena suerte y la vida próspera comenzarían a incrementarse para nuestro protagonista.
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