Los grandes rituales de invocación al dinero y la abundancia de la gran capital de Kalir Bujah
eran ceremonias oficiales y presididas por nuestros excelsos emperadores,
Reivaj y Aileda-Ralip, excelsos gobernantes,
que con su presencia abrían todos los canales hacia el espacio trascendente.
Los sacerdotes magos, que expertos en su materia eran,
cada jueves de principio de mes, se reunían colectivamente en el gran templo, en el aposento que daba hacia el espacio público de la ciudadela.
Allí todos los ciudadanos se reunían para ser bendecidos por la ritualística excelsa.
Los magos cantaban complejos cánticos, en códigos que el individuo ordinario jamás descifraría en su lengua común.
Grandes montañas de oro se ofrecían en un centro,
con grandes especias, alimentos y riquezas de la más variada índole.
Era entonces que los magos abrían un portal,
para que el espíritu del dinero personificado descendiera de los cielos y acudiera al llamado de los muchos.
El cielo se oscurecía en contraste con una gran luz que se divisaba en la lejanía del firmamento, que arrojaba un gran rayo que interceptaba una antena de oro puesta en el pilar del centro del espacio ritualístico.
El Dinero, como un gran y gigante espíritu dorado, descendía de los cielos
y expelía todo su poder hacia la ciudad para que el dinero descendiera y se materializara en oro puro y riquezas varias.
En ese momento ocurría un gran éxtasis en todos los asistentes, y nuestros emperadores, que en un trono yacían meditando, eran bendecidos con pura energía dorada llena de abundancia y prosperidad. Ellos, los portadores del devenir del imperio, debían ser asegurados con la protección primera del gran Dinero mayor.
La calidad de la luz dorada que imbuía a todo el imperio era siempre indescriptible. Una luz dorada sublime que en su propia belleza portaba los misterios de la gran verdad.
El dinero siempre fue uno de los grandes espíritus protectores de Reivaj y Aileda-Ralip, y dotó al gran imperio de abundancia imperecedera, siempre.
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