martes, 16 de diciembre de 2025

LA MATRIZ DEL DINERO

Mercurio miraba a la multitud de gente que este le intentaba mostrar a Javier. Era una multitud. En su mirada silenciosa, sugería que allí había un gran potencial, de que Javier tenía la posibilidad de mover grandes masas y hacerlas aliadas de su desarrollo económico. Javier comprendía: estos eran sus potenciales clientes, sus pacientes, sus consultantes de tarot, y otros. Allí estaban todos, mirándole como esperando un contacto.

En eso Mercurio le invita a que lo siga, y siguen por el pasillo oscuro hasta que, subiendo unas escaleras y entrando por una puerta, llega a un departamento lujoso, donde en una de las habitaciones estaba Javier en rol de psicólogo. Había una sala de espera llena de gente esperando atenderse con Javier. También había una fila enorme fuera del departamento que salía por el pasillo y bajaba por las escaleras de emergencia del lugar. Javier estaba siendo tremendamente solicitado por un sinnúmero de personas.

Aquella visión, comprendió Javier, era el potencial exitoso de su consulta psicoterapéutica, y en gran medida, el futuro cercano que se le avecinaba.

Mercurio le hace ir con él hacia el último piso, y cuando estaban allí, en la azotea, el dios de los movimientos abre un portal para que él y Javier entraran allí. Al hacerlo, se dejaron tomar por un torrente energético luminoso que le hizo aterrizar en un banco financiero. Pero no cualquier banco, este banco tenía estética de templo antiguo, de templo grecolatino. Tenía un aspecto grandioso, lleno de marmol y altos pilares. Tenía unas escaleras que subían hacia unas oficinas, y un lugar central donde había una estatúa luminosa, que representaba una especie de robot del futuro, muy tecnológico y a la vez vital. Este “robot” también tenía el aspecto de una gran deidad, una deidad elevadísima. Al contemplarla, la estátua adquiere vida, se enciende una gran luz desde su cuerpo, apareciendo un ser casi alienígena, con aspecto dorado y luminoso. Mercurio miró a Javier, y nuestro protagonista comprendió que el dios de los tránsitos le estaba presentando al espíritu del dinero. Javier sabía que lo que estaba sucediendo era importante: de alguna manera Mercurio quería presentarle a Javier al espíritu del dinero, para entrar en una relación más profunda con él.

Los tres se movieron a otra sala, que tenía un altar central con una plataforma. El espíritu del dinero al subirse a la tarima, todo el espacio se iluminó de hermosos colores dorados, y unos canales energéticos de múltiples conecciones –que al principio era imperceptible” se encendió luminoso, formando un flujo torrencial de tremenda energía. Se veían núcleos circulares que parecían ser nodos o válvulas de energía. El espíritu del dinero, con los brazos abiertos le daba más poder y poder al gran flujo. En una máquina lejana, se veía como toneladas de billetes comenzaron a imprimirse. Javier estaba sorprendido: era la potencia del dinero en su pura esencia. Pues entonces comprendió que Mercurio, de alguna forma, estaba realizando una operación mágica en relación a desatar el flujo del dinero para que Javier experimentara una transformación con la relación con su dinero y un salto hacia la riqueza multiplicada.

El espectáculo era maravilloso. Mercurio y Javier miraban juntos maravillados, como dos grandes amigos que hacían buenas migas en sus divertidas aventuras. 


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