El poder de la visión,
el poder de la profecía se hace presente
en los iniciados del círculo secreto de Kalir Bujah.
Luces incandescentes descienden de los cielos,
anuncian acontecimientos asignados de antemano por la voluntad divina del verbo.
El verbo de la voluntad, el verbo del primer hombre,
el archi-hijo dado a la vida bajo su propio archi-poder,
el super-hombre, hijo de Apolo, y heredero de sus talentos más clarividentes.
Porque los arcángeles tutelaron sin restricciones a los profetas de las sectas sempiternas,
aquellos eran portavoces de lo inefable, de lo indecible, de aquello que sobrepasa la mente de los hombres.
La verdad intemporal siempre guardada bajo la invisibilidad de los grandes arcanos,
se hace presente en la asistencia de quienes buscan clarificar su camino.
El profeta dice, la visión se realiza, y las bendiciones de Apolo descienden justas para todos quienes acuden a él.
78 son las verdades que se muestran en las enseñanza de anteayer,
porque los dioses fueron benévolos con los vivientes, y dejaron sus señuelos bajo las cartas visionarias de Uruk y de los templarios figurados.
Las enseñanzas de los patriarcas sobre-humanos muestran que el cosmos es tan solo un espejo de Dios. En él hay fragmentos de la verdad, repartidos disimuladamente, bajo ropajes profanos, por doquier y por donde se mire: pero hay que saber mirar.
De ahí la necesidad transgeneracional de organizar grupos selectos de ritualística y tradición, pues el recuerdo de Dios no es algo que se de natural en la gran mayoría de los hombres.
La visión de la verdad se cultiva, o más bien, se invita. Es un trabajo de limpieza, saber mirar, saber inteligir con la visión del corazón.
Con la visión central es que las cosas se tornan frondosas, nutridas, vitales y prósperas,
con la visión de los grandes espíritus se puede garantizar la supervivencia de quienes los trabajan.
Porque el imperio sagrado tendrá una vida eterna, será excelso, indestructible, y sus profetas asegurarán el futuro de las castas y la preservación de la verdad.

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