lunes, 20 de octubre de 2025

COITO SIDERAL




Serolf Reivaj y Aileda-Ralip,

aquel matrimonio real, inigualable y virtuoso,

matrimonio alquímico dado a las ciencias ocultas y el sexo sideral,

iniciados en los misterios más grandes del sexo,

porque ellos eran la personificación terrenal de los dioses fundadores,

del coito arquetípico que se dio en el origen de todas las cosas.


Serolf Reivaj Aleida-Ralip,

monarcas imperecederos,

sueños del imperio más grandioso jamás visto entre los hombres,

su sexo era de intensidades magníficas y glorioso placer,

lujuria incandescente que se daba al torrente de la energía universal.


Serolf Reivaj y Aileda-Ralip,

salvajes amantes, constructores de mundos adversos,

dioses por derecho propio que construyeron el reino más glorioso de todos los tiempos,

el sexo era su práctica espiritual, la potencia más exquisita con la que podían contar.


Millones de posturas,

millones de formas de darse orgasmos,

millones eran también las facetas imaginativas que se daban en el susurro de la noche.


Sus pieles jóvenes, deseosas y deseadas,

pieles sagradas que se desnudaban en la intimidad de sus aposentos,

porque ambos eran presididos, iniciados y tutelados por Venus y Marte,

y potenciados en el goce por el eterno Dionisos.


Los emperadores eran poderosos hechiceros,

y bien sabían de los sagrados enigmas del coito sexual.


Todos los días unían sus cuerpos,

todos los días practicaban la intensa unión,

para ser tomados por las fuerzas de la vitalidad

que urgían por hacerse presente en la unión lujuriosa a la que siempre se entregaban.


Las practicas eran exquisitamente mundanas, propias de su intimidad,

también parte del gran movimiento de las esferas celestes,

porque los reyes se amaban como humanos y como dioses,

como espíritus y como hombre y mujer,

todo se daba en correspondencias con el llamado macrocosmos.


Los magos que les tutelaban incentivaba su sexualidad, y les enseñaban las técnicas más exquisitas y secretas del misticismo dionisíaco.


Los reyes, ritualizaban sus uniones cuando las condiciones astrológicas les instaba. Sus cuerpos aparecían desnudos en una plataforma en el templo central de los iniciados secretos.


Allí se daban en coito furioso mientras los sacerdotes y magos, rezaban y lanzaban sus hechizos por el bien del imperio,

para que la gran energía generada por los queridos monarcas, se canalizara en prosperidad, abundancia, poder, triunfo, y ferocidad en la potencia militar.


El sexo de los emperadores era el motor de la vitalidad del reino: su sexo era el catalizador de todas las energías consonantes.


No por nada el axis residía en cada uno de ellos, no por nada eran los pilares fundamentales del cosmos conocido, no por nada su poder fue eterno frente a toda la canalla de reinados ilegítimos.


Porque Serolf Reivaj y Aileda-Ralip fueron dados a la deificación a través de su sagrado sexo, bajo la unión de las oposiciones y la consecución de la gran obra de alquimias y transformaciones.


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