domingo, 20 de diciembre de 2020

DESPERTAR

Dormir y despertar,

el vaivén de lo ido y lo llegado,

de la profundidad al cristal de las diferencias.


Un susurro me abraza en vaguedades

y yo me encuentro en lo inaudito,

en una negativa hacia el encuentro de lo otro.


Quizás el deseo no sea otra cosa que el rostro alternativo de la resistencia.


J.F.


jueves, 15 de octubre de 2020

LO VIVO ES SIEMPRE UNA MUERTE EN TEMPO FUERTE


Tratar un hecho llano,

es realmente una aventura de la que pocos salen vivos.


Los hechos no son jamás sitios de facto,

se dibujan y se corroen con el correr de los años decrépitos,

llenos de sensaciones y una vida pasada ida y por venir,

como un círculo que se invierte y se devuelve hacia el final de todas las cosas.


Desolación de los tiempos sempiternos,

un final a cada cosa que comienza,

un ocaso que se esfuma en la porosidad de una muchacha apunto de parir,

como figura retórica de un poema nunca realizado.


Distinciones de acaso una sola cosa que no es posible discriminar,

y así de interrogantes los parlantes interceptan algunas ondas y frecuencias,

de un pasado arcaico que quedó en el aire,

como una fantasmagoría en agonía pero digno en entretiempo,

una pausa,

y pensarnos como hechos en línea recta, de un vacío hacía una displicencia que no se admite.


Rectángulos intrauterinos,

de dioses y diosas en una configuración de mentiras que en el fondo eran reales,

la gran paradoja de los otros,

de ser uno otro y uno mismo,

y miles al mismo tiempo y en otro sitio,

lugar,

planicie,

o quizás alguno que otro espacio que ni siquiera puedo nombrar a ciencia cierta,

porque lo real es siempre un fluir hacia cosas que no se conocen,

una apuesta enorme hacia lo vacuo,

a la tristeza eterna de ser felices,

y entablar disociaciones donde un erudito quería hallar la razón de las culturas.


El aliento es un reflejo de aquel rumor que se nos dijo un anteayer,

plasmado en verdades reveladas que terminaron a rajatabla sobre el silencio de los inocentes.


La verdad se vuelve tonta cuando se la deja caer por pendientes que no llevan sino a la cloaca de las sombras

imperecederas,

y diferentes si se quiere ser más preciso,

¡Cuánto ámbar habré gastado en el intento de que otros pudieran comprenderme!


Es que realmente no hay otros en cuestión que puedan releer los apócrifos y las necesidades narcisistas de corporaciones internacionales que unos cuantos locos tildaron del imperio venidero del caprino jamás bien ponderado.


Que se quemen los tejados,

y salga el humo feroz,

pues lo perecedero es deseable en su sentido inverso al sentido extraoficial.


Digámoslo:

lo vivo es siempre una muerte en tempo fuerte.


J.F.


martes, 8 de septiembre de 2020

CANTO A AFRODITA


Del espacio de aquella espaciosidad acaso acuosa,

de los orígenes del tiempo,

tú te erguiste sobre las aguas como una musa destinada a realizar lo perfecto.


Tus encorvadas caderas son el ángulo que sostiene el deseo del cosmos

de estar siempre presente para ser testigo de tu belleza insurrecta.


Afrodita,

yo canto este canto como un pagano fuera del tiempo

que se halló en fecha equivocada al momento de hacerse carne.

Aunque las voces de la superficie moderna ya no te nombren como agente directo,

yo sé,

yo sé que tu poder jamás ha desaparecido entre las cosas,

tú,

belleza infinita y sensualidad inacabada de tanto éxtasis por llenar,

dime cuándo sería el día en que yo acaso me encuentre en roce,

con tu placentera cabellera al son de los vientos,

como animando al alba cuando el invierno acaba,

como brindando orgasmos a una pareja desatada,

y así otras tantas de tus magias invisibles en su visibilidad.


Hablaré por ti y para ti por siempre

en estas andanzas del intento de entablar un verso,

y me despojaré del llanto que alguna vez te olvidó entre el bullicio desecho.


Y así te veo desde siempre,

en aquella morada imperturbable entre aguas y conchas,

discurriendo en la temporalidad circular del mito perfecto,

jugando a ser solo una forma cuando estás en todas partes,

y guardando en tu silencio el tesoro de todos los tesoros,

acaso el placer inaudito de haber sido solo una vez cuerpo.

J.F.


viernes, 21 de agosto de 2020

LAS MIL CARAS DE MI DESTINO


La incertidumbre a veces cala en los surcos del pensamiento operante,

que opera en vida diurna y se cree dueño de los territorios que abarcan la luz del sol.


Pero la pregunta permanece, como cosa insurrecta,

como rebeldía existencial,

de pensar un derecho inmanente,

de reclamar una pertenencia existencial,

que no recula en la inseguridad de una posible ceguera narcisista.


Las posibilidades aparecen de vez en cuando,

y el haz consciente se hace presente para entablar un diálogo con aquello que se escapa,

y la mujer de rostro invisible, de silueta deseable, 

se encarga que la exploración se haga continua en una infinidad de proyecciones.


De ahí es que el lenguaje que designa códigos quizás no sea necesario,

pues lo imaginal se descubre al pie de la letra los espacios, cuando uno se abre a la indagación.

Desquiciado sería aquel que no atraviese a caer en los abismos de su propio misterio.


Y yo en el descenso me pregunto: 

¿que será de aquellas cosas que creo irresueltas?,

¿que será de aquel casi que no se dio por una milésima de segundo

dilatado por un parecer que interrumpió una ingenuidad que se daba sagrada?


Para eso no tengo respuestas,

solo una invitación constante al atreverme en osadía ante lo incierto,

de animarme a ser uno con aquello que pienso diferente,

de figurar los fantasmas eternos que pasaron eones queriendo ser divisados,

de luchar contra la hidra interior, hallada prófuga cuando el héroe solía buscarla,

así otras tantas curiosidades del indagar contemplativo.


Del silencio que me precedió

se halla la posibilidad de hallar las mil caras de mi destino.



J.F.


martes, 18 de agosto de 2020

NO ES VERDAD



Bacanales,

fiestas inconclusas,

estruendo entretejido por detrás de lo aparentemente visto.


Así veo, siento y derramo lo que creo que sería aquello que vendrá,

y lo llevo de mi mano, como una criatura naciente,

para proteger la esperanza de aquellos que imaginamos los universos imposibles,

y sostuvimos la resistencia metafísica de mantener unido el puente de los astros 

y el mundo inframundano.


Distritos,

diferentes de pronto si de aquellos belicosos desastres habría de hallar emancipación,

si no dijéramos cosas que parecieran como injustas, ya que nada fue justo para el mundo de Saturno

y de los dioses anteriores a lo que conocimos como mundo occidental.

Posiblemente la deidad a la quisimos como familiar mayor, fue tan solo el eco de gigantes inconmensurables y terribles.


Sagrados, de insípida luminiscencia,

displicencia discurrente y elocuente,

desastroso ímpetu de aquellos que generaron vida antes de morir,

e increparon a titanes y tejieron viejas historias,

de aquel Teseo,

de un Prometeo encadenado,

de un Perseo asesinando a medusas con deseo de sexo,

y uno que otro sátiro hostigando a la ninfa sediento por el jugo interior de la fuente de la vida.


Las sombras, son luces de algún modo inverso,

y si nos animáramos a dar vuelta a las cosas imprevistas,

veríamos que la polaridad en realidad siempre es una y se muestra como algo distinto.


Eso es lo importante a considerar, pues las idas y venidas y la identificación de consignas desechas abundan por doquier.


Estrellas de Rock que ya son ancianas, y que piensan que levantar un viejo martillo les concederá una juventud que nunca tuvieron. No es verdad.


No es verdad que las olas se movilizaron con ideas materiales, como creencias insípidas y llenas de herejía imperdonable.


No es cierto tampoco que lo uno fue dos, y que el dos fue multiplicación, y que la multiplicación fue el factor adverso que hizo eclosión de las diferenciaciones eternas en plano de la realidad que no quiso hacerse evidente frente a un sinnúmero de ausencias grises, y que esperaron siempre penetrar en la realidad de lo impensable. No es cierto.


Tampoco las teorías de conspiración y alguna que otra receta de consomé.


Tampoco Marilyn de la mano de un Manson, 

edificando esvásticas en los ojos innombrables de lo eterno,

aunque aquel símbolo fuera increíblemente milenario, y de procedencia quizás indisciplinada 

y quizás  inaudita. Pero todo lo que gira sobre su eje de alguna u otra forma apunta a lo inamovible en cuestión de necesidad. ¿O será que acaso que los partidos de izquierda se volvieron hacia el ala fascista  por mirar abuelos en campos desérticos poblados por un no-número de ovejas eléctricas?


No, y un sine qua non de eternos, aunque admita que las palabras no se me dan como algo que pueda comprender a ciencia cierta, sólo aquello que puja se logra manifestar en este mundo de tinieblas. 


El vómito finaliza en una revelación, un nacimiento cristiano de la más alta estirpe, una mitología sagrada, que logra ver su posibilidad en la consecución de las palabras. Algo nuevo pero antiguo, 

muy antiguo.


Para qué seguir de más,

y mirar cómo están las cosas,

de prisiones y cubículos interiores,

de subterráneos

ancestrales,

de dioses en guerra,

truenos y rayos de sagrada procedencia,

y un sinnúmero de errantes que se extraviaron en las profundidades del tártaro,

uno que otro navegante que no se halló cuando las sirenas lo llamaron,

y otras tantas que uno podría nombrar.


Los entes acaban ahí donde el orgasmo se hace poco,

reculando al indagar en situaciones que podrían ser perfectamente perfectibles.

Pero no añadiré pesadillas de simetría a lo que por definición es una seguidilla de cambios inconexos. No seríamos verdugos de los nuevos artificios si aquellos materialistas que no se hubiesen pensado en la última palabra del vacío sideral.



J.F.


jueves, 16 de julio de 2020

EL ESPACIO INDIVISO

El estruendo de la música llama a que se la deje estallar
como estallido de supernovas lejanas nunca antes vistas por el hombre,
de la imagen de los antiguos que fue trastocada por algunos imbéciles adictos a los números
y la materia.
     Se quedaría corta la seguidilla,
y no encontraría camino acaso
si un ente existente no reclamara el derecho propio de mencionar realidades secretas
y expuestas a todo el mundo en cuestión de eones,
y millones de situaciones que no incumben al hierofante.

Las secciones de los tiempos venideros
se entrecruzan como entablando un diálogo,
mientras Hermes hace de juez mediador encaminando a las estancias estelares,
aquella imagen inimaginada,
discutida por tantos filósofos que nunca han llegado a nada,
y nada por tanto entablados y referencias,
de aquel sonido que se dejó morir,
en los estruendos ondulados que quedaron en el rumor de los espacios,
cuando la imago se hizo carne,
y la cruz se irguió ahora como una posibilidad extraterrestre
e intraterrena, pues lo que sube también baja,
y lo que se proyecta en el espacio también entra en las posibilidades inciertas de la psique.

Todo este diálogo no es otra cosa que un cantar de los dioses,
tan incomprendidos y esterilizados en simbologías antropomorfas,
que solo quedaron como el recuerdo vano de una conjetura estética.

Pero los poderes del alba son reales para quien entabla en valentía la interacción,
y se atreve a alzar el verbo como aquella apuesta hacía el vacío,
donde el abismo comienza a contemplar nuestra pequeñez humana,
y lo indeterminado habla en el sonido del viento, y en la falsa idea de la muerte,
y deja en evidencia que los pastizales una vez pensados en los recuadros del opus alquímico,
fueron reales y palpables, tanto así como una geometría en posibilidad que se acalló cuando llegara.

Para eso deberíamos considerar que la palabra efectivamente crea una posibilidad celeste,
como tan claramente asignó Huidobro y William Blake en aquella isla lejana,
donde los celtas miraban las estrellas, y uno que otro misterio en la oscuridad de la noche.

Ahora las grandes mentes apuntan a los astros, al intercambio de hogar hacia alguna otra esfera posible, y se especula en osadía e ingenuidad que la solución estribaría en buscar otro punto en el espacio y el tiempo de todas las posibilidades, pero no ven que aquella oportunidad buscada está suspendida en el misterio infinito de la cuestión del ser.

Tambores y mas tambores,
y las voces de una tribu indivisa
que canta pero no se le halla en ninguna parte,
pues ¿de dónde viene el sonido sino de adentro donde uno puede considerar que lo vivo es eterno?

Vivamos para contarlo,
y muremos para callarlo.


J.F.

miércoles, 10 de junio de 2020

EL RELAMPAGO INEVITABLE

El trueno llega inesperado
Y hay que entregarse a la ferocidad de su ruido,
No hay más que hacer.

Es la ley de las cosas y las matemáticas eternas,
Aquella entrega mayor del que tan pocos entienden acaso.

La estridencia del devenir,
Que en realidad viene de atrás,
Como de un patio trasero
Una antesala de cosas obtusas,
Negras y brillantes,
Que siempre dicen lo mismo
Como disco rallado y sagrado en cuestión,
Un monotema tan necesario y árido,
Descubriendo así lo que decide ser siempre diferente.

Es en las butacas de la vida misma descifrable,
Donde los actores de antaño miran hacia los astros,
Representan las tragedias que legamos de los antiguos,
Y proyectan hacia una posibilidad cercana,
La síntesis de los mismos y los anti-ismos.
Así y unas otras cuantas cosas innombrables.

Lo pequeño es solo algo aparente,
Un espejismo de lo que no tiene ningún limite en cuestión,
Un misterio eterno y una duda que no se resuelve,
Un constante “no saber” tan placentero como un orgasmo de aquellos,
Cuando la muerte se mostraba como la maestra final,
Y también de los comienzos,
Y ese no alcanzar nunca la luz,
Pero al mismo tiempo ser siempre aquella misma,
Algo que en sí mismo se persigue
Siendo lo idéntico de las cosas llanas,
Y complejidades detestables por tantos.

¿Será que lo verdadero se gesta sin pensar?
Es probable que las respuestas nunca sean una,
Y la divergencia sea el lenguaje de lo autentico y los universos conversos.

Para qué seguir,
Y para qué la conformidad del no hacer nada,
La paradoja continúa y yo aquí me veo en la imposibilidad de mis escritorios vacíos,
Que sin embargo llegaron tan lejos al imaginar el eterno origen de las cosas que no vimos.

J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...