martes, 18 de agosto de 2020

NO ES VERDAD



Bacanales,

fiestas inconclusas,

estruendo entretejido por detrás de lo aparentemente visto.


Así veo, siento y derramo lo que creo que sería aquello que vendrá,

y lo llevo de mi mano, como una criatura naciente,

para proteger la esperanza de aquellos que imaginamos los universos imposibles,

y sostuvimos la resistencia metafísica de mantener unido el puente de los astros 

y el mundo inframundano.


Distritos,

diferentes de pronto si de aquellos belicosos desastres habría de hallar emancipación,

si no dijéramos cosas que parecieran como injustas, ya que nada fue justo para el mundo de Saturno

y de los dioses anteriores a lo que conocimos como mundo occidental.

Posiblemente la deidad a la quisimos como familiar mayor, fue tan solo el eco de gigantes inconmensurables y terribles.


Sagrados, de insípida luminiscencia,

displicencia discurrente y elocuente,

desastroso ímpetu de aquellos que generaron vida antes de morir,

e increparon a titanes y tejieron viejas historias,

de aquel Teseo,

de un Prometeo encadenado,

de un Perseo asesinando a medusas con deseo de sexo,

y uno que otro sátiro hostigando a la ninfa sediento por el jugo interior de la fuente de la vida.


Las sombras, son luces de algún modo inverso,

y si nos animáramos a dar vuelta a las cosas imprevistas,

veríamos que la polaridad en realidad siempre es una y se muestra como algo distinto.


Eso es lo importante a considerar, pues las idas y venidas y la identificación de consignas desechas abundan por doquier.


Estrellas de Rock que ya son ancianas, y que piensan que levantar un viejo martillo les concederá una juventud que nunca tuvieron. No es verdad.


No es verdad que las olas se movilizaron con ideas materiales, como creencias insípidas y llenas de herejía imperdonable.


No es cierto tampoco que lo uno fue dos, y que el dos fue multiplicación, y que la multiplicación fue el factor adverso que hizo eclosión de las diferenciaciones eternas en plano de la realidad que no quiso hacerse evidente frente a un sinnúmero de ausencias grises, y que esperaron siempre penetrar en la realidad de lo impensable. No es cierto.


Tampoco las teorías de conspiración y alguna que otra receta de consomé.


Tampoco Marilyn de la mano de un Manson, 

edificando esvásticas en los ojos innombrables de lo eterno,

aunque aquel símbolo fuera increíblemente milenario, y de procedencia quizás indisciplinada 

y quizás  inaudita. Pero todo lo que gira sobre su eje de alguna u otra forma apunta a lo inamovible en cuestión de necesidad. ¿O será que acaso que los partidos de izquierda se volvieron hacia el ala fascista  por mirar abuelos en campos desérticos poblados por un no-número de ovejas eléctricas?


No, y un sine qua non de eternos, aunque admita que las palabras no se me dan como algo que pueda comprender a ciencia cierta, sólo aquello que puja se logra manifestar en este mundo de tinieblas. 


El vómito finaliza en una revelación, un nacimiento cristiano de la más alta estirpe, una mitología sagrada, que logra ver su posibilidad en la consecución de las palabras. Algo nuevo pero antiguo, 

muy antiguo.


Para qué seguir de más,

y mirar cómo están las cosas,

de prisiones y cubículos interiores,

de subterráneos

ancestrales,

de dioses en guerra,

truenos y rayos de sagrada procedencia,

y un sinnúmero de errantes que se extraviaron en las profundidades del tártaro,

uno que otro navegante que no se halló cuando las sirenas lo llamaron,

y otras tantas que uno podría nombrar.


Los entes acaban ahí donde el orgasmo se hace poco,

reculando al indagar en situaciones que podrían ser perfectamente perfectibles.

Pero no añadiré pesadillas de simetría a lo que por definición es una seguidilla de cambios inconexos. No seríamos verdugos de los nuevos artificios si aquellos materialistas que no se hubiesen pensado en la última palabra del vacío sideral.



J.F.


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