martes, 8 de septiembre de 2020

CANTO A AFRODITA


Del espacio de aquella espaciosidad acaso acuosa,

de los orígenes del tiempo,

tú te erguiste sobre las aguas como una musa destinada a realizar lo perfecto.


Tus encorvadas caderas son el ángulo que sostiene el deseo del cosmos

de estar siempre presente para ser testigo de tu belleza insurrecta.


Afrodita,

yo canto este canto como un pagano fuera del tiempo

que se halló en fecha equivocada al momento de hacerse carne.

Aunque las voces de la superficie moderna ya no te nombren como agente directo,

yo sé,

yo sé que tu poder jamás ha desaparecido entre las cosas,

tú,

belleza infinita y sensualidad inacabada de tanto éxtasis por llenar,

dime cuándo sería el día en que yo acaso me encuentre en roce,

con tu placentera cabellera al son de los vientos,

como animando al alba cuando el invierno acaba,

como brindando orgasmos a una pareja desatada,

y así otras tantas de tus magias invisibles en su visibilidad.


Hablaré por ti y para ti por siempre

en estas andanzas del intento de entablar un verso,

y me despojaré del llanto que alguna vez te olvidó entre el bullicio desecho.


Y así te veo desde siempre,

en aquella morada imperturbable entre aguas y conchas,

discurriendo en la temporalidad circular del mito perfecto,

jugando a ser solo una forma cuando estás en todas partes,

y guardando en tu silencio el tesoro de todos los tesoros,

acaso el placer inaudito de haber sido solo una vez cuerpo.

J.F.


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