El ímpetu de la fogosidad erótica
la unión de los opuestos dada en una hieros gamos perfecta,
Javier y Pilar-Adelia, dados el uno para el otro proyectados hacia un futuro lleno de gloria y victorias imponentes.
Pareja sideral, pareja real, pareja que se transfigura en el receptáculo oficial de la magia incandescente, pareja que sabe dar en el corazón de todas las cosas, y proyectar su amor hacia las estancias más inciertas de las esferas celeste.
Porque el amor entre Javier y Pilar-Adelia era eterno,
indestructible,
todopoderoso en su pujanza y potencia,
aquella unión de la que eran parte pocas veces fue vista por entre los mortales y vivientes,
porque la pareja había nacido para estar junta, y experimentar la mayor de las bienaventuranzas.
Así lo vaticinaba Afrodita, Eros, Hermes y tantos otros,
dioses que auspiciaron a la pareja hasta el último confín del mundo,
dioses que dieron potencia y favor hacia la unión imperecedera de nuestros amantes.
Su matrimonio fue glorioso, digno del olimpo,
una unión sagrada que se proyectó más allá de los miedos y las indeterminaciones de la imperfección.
Un matrimonio que supo dar con la gran magia, y entablar contacto con los dioses mayores,
un matrimonio que invocó para sí la mayor de las abundancias y bendiciones elocuentes.
Pues la poesía fue claro quien acompañó sus pasos,
cada uno de sus movimientos eran cuál versos entablados para el himno mayor de los dioses,
palabras sagradas hacia el misterio tremendo de la vida insurrecta.
La belleza era parte lo que eran,
belleza erótica,
belleza de ternura y semejanza,
belleza de espacios siderales infinitos,
belleza de eterna compañía e inmortalidad eterna.
Así era la vida de nuestra pareja mayor,
una vida de fuego que supo siempre quemar los fantasmas y los miedos inútiles de espíritus y fantasmas.
El mundo fue testigo de la unión más perfecta y hermosa jamás divisada entre quienes vivieron en la tierra,
el universo fue quien vio tal gloria erótica, llena de pasión y bienaventuranza, que logró una longeva vida goces, proyectada hacia la inmortalidad de todos los olímpicos.
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