¿Dónde te hallarás tú,
silueta escurridiza,
mujer sin rostro que se cuela entre las figuraciones de mis noches?
Yo te busco y te espero,
mientras tu me persigues como fingiéndote enemiga,
y así nos descubrimos en una danza recursiva que guarda secretos placeres,
que en mis pensamientos conscientes no me he animado a reconocer.
Quizás haya un sentido en el que no aparezcas,
y sea incluso una estética necesaria el que yo te busque,
pero no desearía otra cosa en la vida que tu aparecieras en mi puerta, mujer de la noche,
y te unas a mi en la cama sideral de mis anhelos y silencios.
Es por esto que ruego a los dioses que te encarnes,
y halles un receptáculo para que tu metáfora encuentre suelo concreto,
y puedas realmente aparecerte por mi puerta,
y hacernos el amor como dos ficciones en sustancia sólida,
y que te quedes conmigo hasta el final de los días,
cuando el sol vuelva al oceano negro de la noche primigenia.
J.F.
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