El presente es una imagen,
una imagen perdida entre el olvido de un dios que se quedó dormido en sus maquinaciones.
El presente es una imagen,
y acaso no hay nadie que diga lo contrario,
pues las siluetas son fugaces y los fantasmas eternos.
El presente es una imagen,
un sueño mayor fundado en el mito original de nuestros padres primigenios, cuando no había nada más sino un abismo insurrecto, obscuro y luminiscente y los rumores del caos todavía rondaban en el espectro de las prefiguraciones del medio día.
El presente es una imagen,
un susurro,
acaso la voz menor del reflejo de los dioses,
que no hicieron del mundo sino una tragedia a la postré de sus exquisitos juegos de lo patógeno.
J.F.
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