domingo, 24 de mayo de 2020

RUMORES DEL TÁRTARO

La obscuridad me abraza y yo la busco,
Como enamorado del misterio,
Y las horas eternas de estar vivo.

Hay una pulsión que no es pulsión,
Sino una energía eterna hacia el fundamento de lo obscuro,
Algo que se teje y se deja entrever pero se escapa pronto,
Algo que amanece y se prefigura en la sombra de las noches,
Algo que no es algo pero parece manifiesto.

Es la apertura de la cerradura alada,
Es la puerta hacia el Tártaro de las historias de antaño,
Aquel espacio omnipresente y abarcante en totalidad y cuestión,
Aquella fugacidad in-aparente que no se mueve y es intacta,
De fuegos e ideas en potencialidad que no se muestran hacia el rayo de los días.

Es una imaginación magnificente,
Algo intemporal que se aquieta en relojes de arena,
La conjunción de todas las historias hacia el pozo de la nada
Y el vacío,
Y aquella pregunta que se posaba en mis pesares,
Como una visitante intrusa que susurraba tantos secretos,
Y me invitaba a considerar la caída hacia el abismo,
Y la unión hacia lo que no se muestra ante nuestras vaguedades.

Imaginación,
He ahí quizás la respuesta,
Pero al Tártaro por cierto es imposible que se lo imagine,
No hay nada quizás que pueda acercársele en asuntos,
Ninguna herramienta o vía mayor,
Ni si quiera la poesía de los grandes,
Nada ha hallado sustento en la eternidad de lo que no se muestra.

Algo se mueve y me susurra,
Algo tremendo y sagrado que asusta a los mortales,
El agujero que lo traga todo,
Y no deja nada a su libre albedrío en la fugacidad de sus pasos.

Algo será acaso lo que termine,
Si acaso quisiera yo conocer esos lugares,
La inmensidad del abismo observador,
El gran eco de los tiempos,
Lo que va más allá de la posibilidad del cosmos,
Algo que no es un algo,
Algo que es un todo,
Un todo que barca la configuración de las alternativas.

Es indefectible su poder,
Su llamado incandescente,
Como fuego devorador de titanes de antaño,
Aquello que traga y transforma en resultados inauditos.

Me dejaré tragar por aquella ferocidad de los pareceres,
Sin recular en miedos egoicos,
Directo al misterio de lo que antecedió a los aposentos.


J.F.

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