domingo, 3 de mayo de 2020

HASTÍO

Testeo fantasías,
elaboro rutas imperfectas,
pero a veces el dolor sigue presente,
y no da indicios de conexiones con aquello que apasiona en el subsuelo.

¿Cómo puede vincularse acaso una imagen lejana de las noches
con astillas clavadas en reverso hacia mi carne llena de pinchazos?

Para que responder preguntas que nos llaman a aunar el frenesí de la custodia,
mejor adentrémonos en las batallas que no comprendimos por estar todos ciegos de malaria.

Distingamos una cosa: los astros son los hermanos mayores que susurran el devenir.

Los antros, son lugares inconclusos de las sombras nunca vistas, que reclaman cariño por inanición desesperada.

Algunos me reprocharán lo grotesco de aquello que expongo,
pero seamos honestos con las heces que olvidamos en el esfuerzo ser benéfico
ante padres, madres y muchachas prometidas.

Otros dirán que las imágenes se agotaron, y creo que ellos estarían más próximos a la realidad del suceso que aparece y reaparece en la pantalla del misterio.

¿Se acaba o no se acaba todo?

Es más, ¿alguna vez se dio comienzo a una sola cosa?

Respuestas con preguntas solapadas,
dinamitas inconexas que se aparecen por susurro,
por migajas perdidas,
por elocuencia irreconocible,
y desechos menores displicentes.

¿Para que hurgar allí donde las frases solo eran vacío,
si las camiones de la furia trajeron consigo algo más que palabrería superpuesta?

Y no me interesa impresionar a los santos,
Ni fundar geometrías simbólicas representantes de lo eterno,
Tampoco espacios extensos que den cabida a tu imbecilidad,
Solo quiero un segundo donde pueda ser uno con aquella chica de silueta transparente,

Que se me escapa,
y no se porqué.
Que traspaso,
y no sé porqué
Tantos regresos de lo eternamente idéntico,
el tedio del hastío de verme en frustración de no alcanzar,
de no sostener aquel segundo eterno,
de no congelar las centurias cuando el orgasmo fue intenso,

Y yo aquí, buscando entre mi diagrama verbal
alguna clave que descifre el comportamiento de sus logaritmos,
complejísimos,
incomprensibles,
tanto como el Buda que se fue al monte de los desusos.

Derroteros de lo aparente ,
me veo siguiendo a cuerda floja todo lo que no quise nunca seguir,
ni admitir,
de verme un poco tanto desastroso al infectar la rectitud de los insomnios,

Fagocitos territoriales invencibles de lo distinto y totalmente idéntico,
de una figuración que se invierte en fantasías de volar sobre piruetas,

Como querubines que no dicen nada,
Y una animosidad que se agota por el hecho de no saber desde dónde vino.


J.F.

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