Ante ayer me contaron una historia,
sobre un dios feroz que merodeaba entre las fauces del pánico colectivo.
No hubo razón para negar aquel relato,
mis oídos pedían miel y el llamado siempre trae cosas nuevas bajo las sábanas.
Encontre de pronto una alucinación
que me llevó a comprender que todo es un invento de los dioses.
un ensayo en cuestión lúdica para allegados
y entidades de mundos lejanos que poco entienden de espacio-tiempo.
Decir que aquello es un misterio,
tampoco hace justicia a su naturaleza indecible,
tampoco deja entrever la orgánica de aquella tecnología que vi,
por allá lejos,
cuando dormía bajo las estrellas enamorado de las interrogantes,
y me echaba a la suerte de Neptuno en los mundos más inauditos que puedan imaginarse.
Derrocho algo de perdón en su acepción más antigua,
Donde la etimología se pierde y las referencias hacen caso omiso a la certeza.
Bellos son los atardeceres de lo mismo,
Que evocan eternamente la imagen autorreferente,
De aquel indeterminado devenir de un universo que fue hecho en el silencio.J.F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario