domingo, 31 de mayo de 2020

EL ELIXIR DE LO LEJANO

Sonidos estridentes,
Y no hay intento,
Aquella represión de la racionalidad se ha ido por conductos que ya no diviso.

Y eso está bien,
Muy bien,
Para mi y otros,
Que se transfiguran como algo que se cree inexistente
Y es inexistente
Para danzar por ahí en rumores de realidad aparte

Y muchos apartes,
Con entre paréntesis también
Hay que hacer de la palabra algo vivo
Pero no tedioso como filosofía estética,
La sonoridad, he ahí el vacío
Aquella ferocidad de lo eterno echa pitillo de sintéticas resonancias.

Es en el silencio donde las cosas se revelan,
Como ventiladores mensajeros,
Como tecnologías no asumidas,
Como aquel relato que nos llego de tan lejos
Hacia temporalidades antecesoras,
Pero futuristas y venideras,
Diciendo acaso el retorno eterno de las mismas cosas,
La misma dramática auricular,
Los mismos arquetipos perfectos y deformes
Aquel intento de humanidad eximia,
De arqueros y guerreros del Peloponeso
De guerras arcaicas y estéticas profundas,
De aquello que no se quiso hacer parte de la ilusión de la modernidad.

Asunción de la virgen no es más que una insignificancia en torrente de la totalidad,
Las religiones son anécdotas bromistas,
Pensadas para algo mucho más grande que un par de iglesias pueda brindar,
¿Acaso los monjes de Asia menor supieron nacer de buen modo?
No lo creo,
Tampoco creo que alguien haya dado en el clavo por vez primera,
Pues quizás el clavo se proyecta siempre ahí donde no crees que la luz llegue.

Displicentes,
Y elocuencias aladas son acaso las características del mito mayor,
De la palabra sagrada que no morirá jamás
De un Apolo y un Hermes en disputa hacia el padre de los pareceres,
Y los caminos del Hades que configuran posibilidades adversas entre tanto helenismo gastado.

No incurriré más o tu cabeza explotará con la energía brillante del relato antecesor,
Es bueno respetar el designio de los astros y no provocar a las bestias.

He aquí entonces el anuncio de las cosas que siempre se dijeron bajo el manto de los cielos estrellados.


J.F.

COMUNICACIONES FRUSTRADAS

Me frustra pensar que las comunicaciones a veces no se dan como uno espera,
hay una expectativa de penetrar lo profundo y conocer los secretos que le aguardan,
pero de pronto el atardecer indica que las energías pujan hacia otros lares.

No necesariamente es un mal pesar aquello, no,
tampoco resurjo en una semejanza que quiera alcanzar lugares distintos a lo que fuimos allá por entonces.

Sucede que hay veces que las cosas se sienten tan vacías,
y uno cae en buscar un sentido a situaciones adversas que de por sí son un poco más próximas de lo que se espera.

¿Será que el verso sale trunco cuando el sentir es honesto?,
Habría que entender que no se hace necesario forzar la percepción interna,
Pues el flujo es natural cuando lo inefable regula los designios,
Y todo se entreteje en tramas gigantescas que finalmente llevan a lo eterno.


J.F.

INVENTO DE DIOSES

Ante ayer me contaron una historia,
sobre un dios feroz que merodeaba entre las fauces del pánico colectivo.

No hubo razón para negar aquel relato,
mis oídos pedían miel y el llamado siempre trae cosas nuevas bajo las sábanas.

Encontre de pronto una alucinación
que me llevó a comprender que todo es un invento de los dioses.
un ensayo en cuestión lúdica para allegados
y entidades de mundos lejanos que poco entienden de espacio-tiempo.

Decir que aquello es un misterio,
tampoco hace justicia a su naturaleza indecible,
tampoco deja entrever la orgánica de aquella tecnología que vi,
por allá lejos,
cuando dormía bajo las estrellas enamorado de las interrogantes,
y me echaba a la suerte de Neptuno en los mundos más inauditos que puedan imaginarse.

Derrocho algo de perdón en su acepción más antigua,
Donde la etimología se pierde y las referencias hacen caso omiso a la certeza.

Bellos son los atardeceres de lo mismo,
Que evocan eternamente la imagen autorreferente,
De aquel indeterminado devenir de un universo que fue hecho en el silencio.


J.F.

DESCOMPRIMIENDO EL DEVENIR

Una puerta hacia los designios solares,
que indica una mujer alada mientras los ebrios en desolación murmuran los abismos.

Una playa de parajes lejanos,
De atardeceres milenarios por allá donde se esconde la imagen eterna
en medio del océano de las cosas,
preguntamos hacia la totalidad lo que sería de nosotros si no existiera el lenguaje de los asnos.

Mientras las dudas sollozan en los rincones de las sombras,
me entero de que los aguaciles fueron miles a través de eones,
cuando la imagen no era nada más que una cuestión de afán almidonado.

Descuartizado el esplendor de aquellos que se juraron dioses del inframundo,
a esos que contaban historias pensando que de su boca pertenecían los deseos de la nada,
haciendo selección de cuestiones vanas y desmitificando a la deshonra de infelices y feligreses,
para descubrir en los platos mojados
que la solidaridad del místico llega mucho más allá de la desolación de los pocos,
y es ayuda para aquel que derrame sangre por su regularidad,
al que se abrirán los salones esperados en novelas perdidas y una que otra historia sin terminar.

En eso es que la muchacha de hermosa y pálida piel llegó a los aposentos que fueron de mi incumbencia,
allí saluda a las sombras de antaño para decir que su venir no incluía el alimento para el ser, que tanto necesitaba,
provocando la duda y el deseo de querer hacer algo,
dando alimento y abundancia donde de por sí el valor se niega para los otros,
de un no recibimiento a estupideces circulares y anhelos infantiles,
queriendo la solución eterna a la repetición de la ilusión enfurecida.

Dicho sea de paso,
Lo acontecido puede dar mejor rumbo si acaso liberases tú el flujo de la energía de los astros, para descomprimir las heces que ya no dan basto en el receptáculo de tu interioridad necia.

Aguardando entre el dialogo que es dado a a pesar del aparente control mentalis,
la impotencia de incrédulos decididos indiferentes se hace presente.


J.F.

domingo, 24 de mayo de 2020

RUMORES DEL TÁRTARO

La obscuridad me abraza y yo la busco,
Como enamorado del misterio,
Y las horas eternas de estar vivo.

Hay una pulsión que no es pulsión,
Sino una energía eterna hacia el fundamento de lo obscuro,
Algo que se teje y se deja entrever pero se escapa pronto,
Algo que amanece y se prefigura en la sombra de las noches,
Algo que no es algo pero parece manifiesto.

Es la apertura de la cerradura alada,
Es la puerta hacia el Tártaro de las historias de antaño,
Aquel espacio omnipresente y abarcante en totalidad y cuestión,
Aquella fugacidad in-aparente que no se mueve y es intacta,
De fuegos e ideas en potencialidad que no se muestran hacia el rayo de los días.

Es una imaginación magnificente,
Algo intemporal que se aquieta en relojes de arena,
La conjunción de todas las historias hacia el pozo de la nada
Y el vacío,
Y aquella pregunta que se posaba en mis pesares,
Como una visitante intrusa que susurraba tantos secretos,
Y me invitaba a considerar la caída hacia el abismo,
Y la unión hacia lo que no se muestra ante nuestras vaguedades.

Imaginación,
He ahí quizás la respuesta,
Pero al Tártaro por cierto es imposible que se lo imagine,
No hay nada quizás que pueda acercársele en asuntos,
Ninguna herramienta o vía mayor,
Ni si quiera la poesía de los grandes,
Nada ha hallado sustento en la eternidad de lo que no se muestra.

Algo se mueve y me susurra,
Algo tremendo y sagrado que asusta a los mortales,
El agujero que lo traga todo,
Y no deja nada a su libre albedrío en la fugacidad de sus pasos.

Algo será acaso lo que termine,
Si acaso quisiera yo conocer esos lugares,
La inmensidad del abismo observador,
El gran eco de los tiempos,
Lo que va más allá de la posibilidad del cosmos,
Algo que no es un algo,
Algo que es un todo,
Un todo que barca la configuración de las alternativas.

Es indefectible su poder,
Su llamado incandescente,
Como fuego devorador de titanes de antaño,
Aquello que traga y transforma en resultados inauditos.

Me dejaré tragar por aquella ferocidad de los pareceres,
Sin recular en miedos egoicos,
Directo al misterio de lo que antecedió a los aposentos.


J.F.

jueves, 14 de mayo de 2020

INVENTO DE DIOSES

Ante ayer me contaron una historia,
sobre un dios feroz que merodeaba entre las fauces del pánico colectivo.

No hubo razón para negar aquel relato,
mis oídos pedían miel y el llamado siempre trae cosas nuevas bajo las sábanas.

Encontre de pronto una alucinación
que me llevó a comprender que todo es un invento de los dioses.
un ensayo en cuestión lúdica para allegados
y entidades de mundos lejanos que poco entienden de espacio-tiempo.

Decir que aquello es un misterio,
tampoco hace justicia a su naturaleza indecible,
tampoco deja entrever la orgánica de aquella tecnología que vi,
por allá lejos,
cuando dormía bajo las estrellas enamorado de las interrogantes,
y me echaba a la suerte de Neptuno en los mundos más inauditos que puedan imaginarse.

Derrocho algo de perdón en su acepción más antigua,
Donde la etimología se pierde y las referencias hacen caso omiso a la certeza.

Bellos son los atardeceres de lo mismo,
Que evocan eternamente la imagen autorreferente,
De aquel indeterminado devenir de un universo que fue hecho en el silencio.


J.F.

lunes, 4 de mayo de 2020

TRABAJANDO A MERCURIO

Si contara ahora con una aliteración alada
al estilo latino y cuneiforme de Hermes,
podría establecer conexiones a través de parajes inconcebibles.

Es mi eterna búsqueda de lo mismo,
hallar la integración entre la paja que se me es ajena,
pero totalmente propia al considerar los opuestos,
al entender las entelequias milenarias de los dioses que no quisieron morir,
y quedaron implícitos en cartografías y mapas mundi,
y alguna que otra geometría mayor que paso desapercibida por los necios.

Mercurio yo te busco,
entre los ojales y entre las mierdas,
entre la contradicción de mi pensamiento errático
y mis intuiciones más luminosas.

                                                           ¿Habrá una forma en cuestión de dar paraje a tu silueta escurridiza?

Aquello que se escapa pero está presente,
aquello que es de naturaleza propia pero se da como algo extraño,
tal naturaleza esquiva de lo diferente,
ambiguo en asuntos de cortes,
ayudador para el alquimista desesperado en sus labores
entrecortado para aquel que piensa que los dioses son imaginación.

¿Acaso el polvo servirá de lago para las centurias que nos vengan para hoy y a futuro?

Son preguntas que claramente caben en el hastío,
y en la esperanza de saberse uno con el cosmos y también de la nada,
y entablar puentes transatlánticos que lleguen a la Grecia dónde todos los sueños confluyen.

El sustento de lo mismo no es más que el suspiro de un niño dormido,
de una ficción detractora de moribundos errantes,
de animosidades inconclusas y valentías acérrimas,
que atreven en osadía comentar lo eternamente inabarcable,
en ese océano que Neptuno receló entre sus fauces,
y solo unos pocos accedieron a la magnificencia de su locura,
aquellos mares profundos y verdosos que recordaban el sabor de la verdad,
aquel navegación sin rumbo hacia parajes de lo invisible y perfectamente mutable.

Mercurio yo te sigo,
soy tu humilde servidor que te aguarda,
en escritorios de investigación de materias y resinas,
aquí en la oscuridad del misterio espero hallar sustento,
y encontrarte rehuyendo de las concepciones más simplistas,
para dar resolución a las espadas en luchas y almas perdidas.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...