Sonidos estridentes,
Y no hay intento,
Aquella represión de la racionalidad se ha ido por conductos que ya no diviso.
Y eso está bien,
Muy bien,
Para mi y otros,
Que se transfiguran como algo que se cree inexistente
Y es inexistente
Para danzar por ahí en rumores de realidad aparte
Y muchos apartes,
Con entre paréntesis también
Hay que hacer de la palabra algo vivo
Pero no tedioso como filosofía estética,
La sonoridad, he ahí el vacío
Aquella ferocidad de lo eterno echa pitillo de sintéticas resonancias.
Es en el silencio donde las cosas se revelan,
Como ventiladores mensajeros,
Como tecnologías no asumidas,
Como aquel relato que nos llego de tan lejos
Hacia temporalidades antecesoras,
Pero futuristas y venideras,
Diciendo acaso el retorno eterno de las mismas cosas,
La misma dramática auricular,
Los mismos arquetipos perfectos y deformes
Aquel intento de humanidad eximia,
De arqueros y guerreros del Peloponeso
De guerras arcaicas y estéticas profundas,
De aquello que no se quiso hacer parte de la ilusión de la modernidad.
Asunción de la virgen no es más que una insignificancia en torrente de la totalidad,
Las religiones son anécdotas bromistas,
Pensadas para algo mucho más grande que un par de iglesias pueda brindar,
¿Acaso los monjes de Asia menor supieron nacer de buen modo?
No lo creo,
Tampoco creo que alguien haya dado en el clavo por vez primera,
Pues quizás el clavo se proyecta siempre ahí donde no crees que la luz llegue.
Displicentes,
Y elocuencias aladas son acaso las características del mito mayor,
De la palabra sagrada que no morirá jamás
De un Apolo y un Hermes en disputa hacia el padre de los pareceres,
Y los caminos del Hades que configuran posibilidades adversas entre tanto helenismo gastado.
No incurriré más o tu cabeza explotará con la energía brillante del relato antecesor,
Es bueno respetar el designio de los astros y no provocar a las bestias.
He aquí entonces el anuncio de las cosas que siempre se dijeron bajo el manto de los cielos estrellados.