lunes, 4 de mayo de 2026

UN AMPLIFICADOR ESPECTACULAR

 

Javier llegó y enchufó inmediatamente su amplificador luego de instalarlo en su living. ¡Cuán buen sonido salía de esos parlantes! Hermoso amplificador naranja, llegando en hora buena para habilitar a Javier para volver a las canchas. Javier se quedó tocando un buen rato el impresionante amplificador Orange que había comprado, ese hermoso amplificador Orange Cr 120C de 120 poderosos watts. El amplificador estaba en perfectas condiciones, prácticamente nuevo, y Javier ya lo tenía a su disposición para comenzar a tocar en bandas nuevamente.

Ese día con Pilar-Adelia almorzaron algo muy rico y después tuvieron exquisito sexo, como era de la costumbre de ambos. Sin duda Júpiter y Mercurio estaban cobijando el avance y el empuje de la economía de la pareja, pues todo se estaba sintiendo muy creativo y abundante. El dinero invertido en el amplificador, volvería rápidamente a las manos de Javier para ser repuesto a su cuenta de ahorros.

Javier conseguiría una excelente banda tan solo unos días más tarde. Historia de la que ya hablaremos de esta fascinante aventura extraordinaria.


LA EXPANSIÓN DE LA POSIBILIDAD MÁGICA


La consciencia se expande al son del crecimiento inaudito de Kalirvalion;

el oro sideral se materializa en torrentes infinitos de riquezas que descienden para ser disfrutados por el gran mago.


Veo muchas buenas experiencias,

dadas bajo el sol radiante de un mayo y junio de años pretéritos;

se vaticina la grandiosidad de los logros imperiales,

de nuevas tierras acometidas en distritos bajo la jurisdicción del gran monarca,

porque en Kalirvalion el sol jamás descendía al mundo de la noche:

tocaba siempre los contornos de la gran imperialidad expansiva de la gloria y la dicha.


Y ahí veo, desde dimensiones diversas,

el amplificador de delicioso sonido siendo tocado por el gran blusero juvenil,

dándose todo en la intelección de la posibilidad de los verbos interconectados bajo pujanzas dignas de ser contadas por historias posteriores.


El misterium tremendum florece bajo el silencio de los muchos,

sobre la fugacidad del instante que se deja enternecer por el arrobamiento sideral de lo inaudito.


Porque magia y misticismo viajan juntos,

son las facetas necesarias del gran poder;

y así como Reivaj le dio eje al mundo de los doce apóstoles indescritos,

así también las posibilidades de la geometría se entraman en figuraciones expansivas

hacia la consecución de la manifestación de lo que la voluntad dicta.


Pues vendrá siempre un buen futuro:

las academias recibirán al erudito de estudios antiguos,

nuevas adquisiciones se darán bajo el recorrido del negativo en blanco,

vacaciones hacia el exótico acontecer de las religiosidades absolutas.


Porque la palabra es la verdadera magia,

la poesía es la verdadera magia;

porque la palabra dada en su flujo trae y recontrae el gemido de las diosas antiguas,

recuerda en figuración la irracionalidad de las danzas primitivas

que acontecían bajo el fuego fatuo de los primeros hombres,

que bajo la luna cantaban los designios del dios que quería hacerse carne.


Pues Dios es lo inaudito;

Mercurius, la figuración particular de su movimiento eterno.


La enseñanza de quien corre por las fronteras eternas es clara: es el movimiento el que trae las riquezas, es el movimiento aquel que da activación a la sensibilidad de aquello que sobrepasa todo ámbito concebible.


Las distintas estancias de la mente deben superarse bajo imágenes que le sean totalmente ajenas, de palabras que entonen el gran trueno de aquel que gobernó los cielos en los tiempos de la buena filosofía abyecta.


Ser de la sed de las consecuencias de los anteriores mundos

es una actitud necesaria ante aquel que quiere que su magia llegue lo más lejos posible de las interioridades intrusas.


Se debe ser valiente, pues la forma del sonido debe ser extraña,

distinta,

colocar en cuestión al que oye por primera vez las discusiones recalcitrantes de los teólogos cientificistas.


Calculando la gran consecución, se deberá ser fiel al tiempo eterno;

se detendrá a la contemplación del oro magnánimo y omnipotente de Kalirvalion,

porque el oro siempre vendrá y se renovará bajo la bendición de Mercurius Lucrum,

bajo la jurisdicción del gran Júpiter entronizado bajo los siete coros angélicos.


Respecto de la incertidumbre a qué es lo que lleva esto, es algo que se debe suspender;

la mayor gloria de los cambios viaja cuando la consciencia se abre a lo completamente distinto de sus absurdas suposiciones; se debe ser sensible ante la mirada del distinto, se debe ser distinto ante lo que es lo mismo y lo que se deja destrabar por las uñas insurrectas de la recapitulación de demonios y discontinuidades.


Las experiencias proyectadas siempre se abrirán hacia el más allá de lo humanamente posible; la expansión de la consciencia es un sine qua non de la magia.


Dejen que el trueno mayor dicte las formas de la ritualidad,

pues los poetas siempre supieron que el verso era el mayor de los encantamientos,

el mayor logro de la espiritualización de la humanidad bajo las grandes imágenes eternas.


La potencia de la abundancia siempre está presente

y lo estará bajo el mando de la palabra y el verbo.


La escritura sagrada es la indicada para direccionar la voluntad hacia las latitudes jamás transitadas por los entes conocidos.


domingo, 3 de mayo de 2026

LA EXPANSIÓN DE LAS POSIBILIDADES MERCURIALES



Mercurius Lucrum,

señor dador de todas las riquezas,

intrépido trotamundos que ensalzas la realidad con las buena hazaña de las bipolaridad.


Mercurius,

tú quien da circulación a las riquezas kalirvalianas,

tú quien entabla el sueño mayor con las direcciones opuestas a los grandes santos indescriptibles.


Mercurius, tú quien nadie le comprende,

tú cuya gnósis sobrepasa las latitudes del pensamiento especulativo,

sé tú la fuerza inteligente que puje la dirección de todas las ganancias expansivas.


Porque en tu manto de movimiento Júpiter susurra,

porque en las tablas descritas en los viejos cuentos derribaste la posibilidad de una dirección blasfema.


Porque le diste valor a los doblones circulares de las viejas fiestas de geometrías celestes,

de la celebración inacabada de los dioses que, en un anteayer, dijeron basta a las displicencias indiscretas.


Porque fuiste tú quien dio cabida a la expansión del sagrado dorado

y la naranja incalculada,

la discusión de los maestros y las recapitulaciones de insectos afectuosos.


Porque la poesía respira bajo tu flujo, Mercurius,

la vida se torna abundante en el instante que tocas de un centímetro adverso hacia las tibias nociones adversas.


La vida se da justa cuando las recapitulaciones vagas hacen lo suyo bajo la luz de la luna,

cuando la hermenéutica se queda corta bajo la mirada del dios mayor,

cuando las gustosas degustaciones de los monarcas inefables bajan hacia la realidad mayor para descuartizar la noción racional de las lógicas abyectas.


De ninguna manera se abandona lo que se sabe que fue sagrado;

de ninguna afectuosa numinosidad se deja que la razón entre en juego discreto,

pues lo sagrado es indescifrable bajo las cifras de códigos futuros.


La sacralidad de las formas se deja entablar cuando la rareza de las yuxtaposiciones alberga en el sí para sí una hoja indiferente y omnipresente, bajo circuncisiones dignas de ser contadas.


El oro es brillante, el oro es mayor,

el oro se expande por todas las latitudes de Kalirvalion;

esa es la ley, esa es la grandiosidad de las palabras del gran Júpiter.


Porque de Júpiter fue Zeus,

aquel trueno ensordecedor que dejó ciegos a los imprudentes de insurrectas mariposas saladas.


¿Seré yo un transeúnte de las palabras y los planetas lejanos, de las opacidades y fulguraciones estrictas? ¿Seré acaso un polvo sideral si alguna vez yo viera un solo asunto descriptivo por la repetición de la estupidez de las cosas que nunca llegan a ser dichas?


Porque las cosas deben ser dichas

y deben transfigurar la posibilidad de lo que supone que encadena en el justo significado;

porque el misterio debe hablar en la resonancia de las palabras de escrutinios y farsantes.

La recapitulación de las cuentas altas y antiguas de las ciudades vagas fueron a parar a los aposentos fenicios de la Kalirvalion de días posteriores a la gran luz.


Pues la totalidad se hace una bajo los contornos de un imperio tan impresionantemente poderoso; se hace descifrar bajo miradas astutas y entrometedoras, bajo un mar y mil entusiastas homofóbicos que degustaron la posibilidad de dar reino justo a las cosas que realmente valían la pena.


Porque la voluntad de poder tiene derecho a abrirse paso ante los débiles, tiene el derecho de reclamar la monarquía sideral ante las silenciosas indiferencias de las alucinaciones de dos robustos árboles que, bajo el sol del gran este, dieron fruto a lo más sagrado que el ser humano pudo realizar en su tentativa de ser total en la dirección de la no dirección y las calles laberínticas del gran circo.


Pues la magia se hace dejando que lo absolutamente ajeno tome lugar, lo absolutamente heterogéneo, lo Otro en gran discreción, de la disponibilidad de las operaciones entabladas hacia la fugacidad de la palabra.


Porque la palabra manifestará gloria, porque la palabra manifiesta gran poder. Porque la palabra trae gran dinero, hermoso dinero, honorable dinero, grandes materiales y lujos bien merecidos.


Porque la palabra en su pujanza entabla la salud eterna de la inmortalidad de los dioses anteriores al cosmos, porque así el verbo logra dar a luz a la realidad que la voluntad interior puja desde latitudes difíciles de organizar bajo fianza y astucias dificultosas.


Mercurius, tú serás siempre el guía que traerá la fuerza del dinero a Kalirvalion;

siempre serás tú el protector del gran mercado y darás a todos los hijos de la luz la mayor de las suertes y un porvenir digno de dioses.

 

LAS CUEVAS DE HÉCATE


Allí estaba Tuldorio, caminando con su antorcha por el profundo túnel al que se había aventurado adentrarse, movilizado por encontrar el templo de Hécate al que las leyendas de su pueblo narraban. 

Tuldorio vivía en las tierras de Fúlgide en el occidente central del imperio Kalirvaliano. Tales tierras tenían la particularidad de conformar pequeños reinos en los que las antiguas tradiciones se habían preservado más que en las zonas más civilizadas del magno imperio. En Fúlgide, aún se adoraban a deidades antiquísimas que en otras zonas aparecían olvidadas y pocas veces nombradas. Una de esas deidades eran Hécate, Perséfone y los titanes de la antigua sucesión. Sus cultos eran marcadamente femeninos y nocturnos: se decía que en Fúlgide se preservaba la tradición mágica ctónica más poderosa del espectro imperial.

En el pueblo de Tuldorio, circulaba una pequeña leyenda de un templo perdido en las cuevas de Gonbrida, en el que las antiguas sacerdotisas iniciaban a las novicias en los misterios hecatéicos y la hechicería lunar. Se decía, que desde ahí mismo, las cuevas estaban encantadas con fantasmas y espíritus de diversa índole.

Tuldorio había decidido su aventura en el ánimo de buscar aliados nocturnos para sus prácticas mágicas. Buscaba conocimiento místico y el manejo de fuerzas espirituales para lograr el éxito en sus oficios de artesanía y ganar simpatía y protección por parte de los espectros nocturnos.

La cueva tenía una energía extremadamente inquietante. Tuldorio se sentía observado desde que entró a la estancia oscura. Tal observancia, no revelaba desaprobación y ira, estaba siendo evaluado por observadores invisibles, que parecían estar dejándolo adentrarse. Tuldorio había llevado un mapa y una piedra alcalina que, bajo procedimientos mágicos de su maestro, tenía la función de guiarlo en la oscuridad hacia el encuentro del altar tenebroso que el chico buscaba.

De pronto, la piedra comenzó a brillar más de la cuenta. Parecía que se estaba acercando a algo importante. Siguió caminando, recorriendo las bifurcaciones que se abrían ante él, hasta que el tuner desembocó en una amplia caverna interna, en la que al medio podía verse una estatua de Hécate, la triple diosa. Tuldorio se sintió invadido por un sentimiento profundo de reverencia y respeto inquietante. Realizó una reverencia y luego se paró con las manos hacia arriba para agradecer a la diosa que le haya permitido el ingreso al sagrado templo.

Allí mismo, revisando el altar notó que aún habían unas velas instaladas, las cuales procedió a encenderlas. Como lo había planeado entonces, Tuldorio procedió a efectuar un ritual de activación e invocación en busca de alianzas con el mundo de los espíritus. Rezó a Hécate y las espiritus femeninos ancestrales, y les pidió ayuda con el objetivo que tenía en mente. De pronto Tuldorio comenzó a divisar cómo los espectros se despertaban y comenzaban a crear una gran energía poderosa a través de él. El escenario era tenebroso, pero profundamente sagrado y significativo para nuestro aventurero mago. La operación había sido un éxito.

Sacó entonces un talismán que tenía intencionado llevar para cargarlo con los espíritus ctónicos. Les ordenó a los espectros ingresar al talismán para cargarlo de numen y fuerza mágica. Así lo hicieron los espíritus, quienes parecían estar colaborando muy abiertamente con Tuldorio. Realizó otras operaciones mágicas para sellar los portales y mantener vivo el contacto con la otredad, y habiendo concluido todo, procedió a retirarse para buscar la salida de la cueva. Su retorno fue exitoso y pudo salir con vida y victoria del profundo tunel. Tuldorio había hecho historia, y su hazaña le haría ganar el respeto de todos los ciudadanos de Fúlgide.


sábado, 2 de mayo de 2026

LA GNOSIS JUPITERINA



Profunda era la meditación del emperador Reivaj en el aposento central del templo real de Júpiter. Allí yacía el monarca, sentado con devoción y reverencia ante la gran estatua de oro del dios archi-emperador del cosmos entero. El templo lucía luminoso, lleno de abundancia y colores dorados. Reivaj permanecía con los ojos cerrados, comprendiendo cosas a las que hasta ese minuto no había podido acceder. Buscaba el cobijo de Júpiter y la amplificación de su poder mágico para el manejo místico de la gloriosa Kalirvalion. Buscaba poder, pero también conocimiento; buscaba la gnosis, la sabiduría de lo sacro, el conocimiento eterno de las hénades primordiales y la primera inteligencia del cosmos.

De pronto, pudo sentir una extraordinaria presencia, una inteligencia que parecía cobijarlo en una expansión hacia latitudes astrales imposibles de expresar en palabra escrita. Allí vio el cosmos y la expansión impresionante de las estrellas; presenció estallidos poderosos y luminiscencias que descendían de latitudes abstractas para materializar la información milenaria del primer dios. Allí sentía una pujanza suprema, un supremo misterio y una gran inteligencia que se expandía hacia todas las latitudes y las posibilidades circundantes. Era algo absolutamente ajeno, alienígena y distinto a todo lo que se puede concebir en la mente humana.

El todo por el todo y la multiplicidad de todos los tiempos estaban en esta inteligencia arrobadora, tremendamente extraordinaria, difícil de soportar y de una belleza indescriptible. Era lo absolutamente «más allá», el primero de los primeros principios, que no fue principio y no «es» en el sentido ontológico de la palabra; algo que simplemente sobrepasa la capacidad de asimilación de cualquier tipo de inteligencia. Júpiter se manifestaba en un misterio insondable, en un archi-poder trascendental capaz de realizar cualquier proeza con tan solo su omnipotente deseo. Se revelaba como un elixir transmundano que se expandía de estancia en estancia, dejando una estela de dioses e inteligencias infinitas para dimensiones extraordinariamente distintas de la realidad kalirvaliana.

Júpiter parecía transfigurarse a sí mismo y revelar su rostro invisible: sin rostro, sin ente, sin algo y sin nada; ni tampoco una nada basada en cualquier tipo de negación simplista. Detrás de todo, Reivaj obtuvo de pronto un don, un regalo de códigos indescifrables. Un nuevo poder había sido recibido por su inteligencia superior: un regalo de Júpiter, el invisible eterno, la heterogeneidad traslúcida de todos los misterios idos y por haber. Reivaj parecía comprender que aquel misterio requería de algo: quería manifestarse, quería encontrar el negativo denso de su quintaesencia a través del magno receptáculo de una ciudad teúrgica en la que su perfección pudiera autoevidenciarse a través de los ojos particularizados de la totalidad.

El emperador estaba siendo iniciado en un nuevo tipo de magia que jamás pensó posible; estaba recibiendo una revelación que no podía siquiera comprender del todo en aquel momento. Lo irracional inundaba todo su ser y, en el fondo, nacía un numinoso sentimiento de sacralidad en cuyo corazón vivía una certeza: la de estar recibiendo el poder directo del supremo innombrable. Al abrir sus ojos, Reivaj miró con profunda devoción a la gran estatua de Júpiter. El monarca, que ahora veía todas las cosas de un modo distinto, podía percibir lo inefable en todos lados.

Podía ver la abundancia eterna y el oro espiritual destinado a convertirse en riquezas y opulencia sideral. Reivaj sabía que Kalirvalion estaba destinado a la gloria, al poder absoluto, a la perfección y a la superioridad sagrada. Comprendió que su imperio era el receptáculo superior, capaz de dar cabida a la inteligencia trans-sideral de los dioses. Todo ello palpitaba con absoluta certeza en cada uno de sus campos sutiles.


LAS CEREMONIAS DE LA LUZ VICTORIOSA



Ya estaban listos todos los preparativos dentro del Templo de las Glorias Eternas para recibir a los generales victoriosos de las nuevas campañas expansivas de Kalirvalion. Dalco, Maxímides y Gulbandrimón habían logrado la conquista de 6 países nuevos, antes fuera de las fronteras del gran imperio. Las campañas militares se dieron extremadamente exactas y exitosas, el genio de los generales logró una victoria de tan solo meses y con muy pocas bajas dentro del ejército profesional del reino superior.

Las victorias merecían su condecoración, pues hasta ahora de tal tamaño triunfo ningún kalirvaliano había sido testigo jamás. Y en Kalirvalion los victoriosos son enaltecidos con sus respectivos honores. Es por eso que aquel día todos los nobles de la gran ciudad se reunieron en el templo central de Apolo para acompañar la condecoración de los genios generales.

En Kalirvalion, existía una antiquísima tradición asociada a Apolo, que consistía en la premiación espiritual de los héroes guerreros victoriosos en el campo de batalla. Tales honores no eran dados a cualquiera, sino solo a los guerreros cuyos logros hayan sido extraordinarios. Se les llamaban “Caerimoniae Lucis Victoris” en la que los guerreros recibían el título de “señor solar”, una de las funciones más importantes del imperio kalirvaliano.

Los Señores Solares eran un séquito de guerreros selectos que pasaban a formar parte del consejo real de los grandes emperadores. A ellos solo se accedía por honores, por habilidades extraordinarias. Una de las formas de acceder a tal título era por medio de, precisamente, las Caerimoniae Lucis Victoris. Otra forma era el nombramiento personal del emperador debido a alguna habilidad extraordinaria que haya adquirido fama entre el pueblo superior.

Los emperadores no tardaron en llegar al gran templo. Con ayuda de súbditos, Reivaj y Aileda-Ralip se instalaron en sus poderosos tronos para recibir a los extraordinarios generales. Cuando todo parecía en orden en el altar central, se dio paso a los generales, que orgullosamente entraban por el pasillo principal del gran templo. Los generales sonrientes miraban a los asistentes y contemplaban sorprendidos la belleza del templo. La gran estatua de Apolo detrás de los emperadores era especialmente impresionante. Luego de caminar unos 20 metros llegaron a los aposentos de los emperadores, quienes les esperaban sentados solemnes pero orgullosos de sus talentosos súbditos. 

Los emperadores hicieron una reverencia, quedándose agachados. Los emperadores procedieron a pararse y con sus manos extendidas hacia el cielo, ordenaron la invocación de los grandes dioses para que su presencia fuese poderosa en los rituales que actualmente se estaban dando en el gran templo. Reivaj procedió a prender un caldero que sus súbditos habían colocado al frente del trono. Los monjes asistieron al emperador para traerles las hojas de laureles que iban a ser utilizadas para la honorificación. Junto con eso, le trajeron además un contenedor de agua bendita por la luz de Apolo que el emperador prosiguió a utilizar para untar las hojas en la santa agua. Fue así entonces que Reivaj, acercándose a los generales que sentados se hallaban, les derramó agua con su laurel a cada uno de los individuos superiores. Luego de esto, Reivaj, recibiendo las placas solares por parte de los monjes del lugar, procedió a obsequiarles a cada uno de los estrategas militares. Los generales se pararon y se dieron vuelta para mostrar el trofeo a todos los nobles. El público con las manos extendidas recitaba: “gloria a los eternos”. La atmósfera del rito era impresionante y extremadamente lumínica.

Fue así el primer momento de los nuevos señores solares. Tales súbditos serían extremadamente fieles a los monarcas y traerían aún más victorias y abundancia para el imperio elegido por los dioses.


viernes, 1 de mayo de 2026

NUEVAS ADQUISICIONES MATERIALES



A eso de las 10 de la mañana del día viernes fue que llegaron 30 carretas llenas de joyas, riquezas y artesanías a la entrada del palacio real para despachar el encargo que los excelsos emperadores habían hecho. Luego de las nuevas anexiones coloniales, el emperador Reivaj y Aileda-Ralip ordenaron reunir diferentes objetos arqueológicos y tesoros millonarios para ser donados al magnánimo palacio.

Era la tradición de que, luego de cada conquista, se incorporara un objeto extranjero dentro del palacio sagrado a modo de incorporar simbólicamente la supremacía del imperio frente a los territorios conquistados. Los objetos eran tratados con sumo respeto por los emperadores, y pasaban a instalarse de forma simbólica y sagrada en cada uno de los puntos del palacio. Los monarcas tenían diferentes salones que se organizaban en temáticas: tenían un salón filosófico, un salón religioso, un salón de grandes artesanías, otro salón de joyas y piedras preciosas, otro de esculturas milenarias. Cada uno de los salones se ritualizaba según un dios y todos los objetos allí instalados eran consagrados como ofrendas y símbolos de compromiso con las inteligencias superiores.

Dentro de las carretas, esta vez, venía sobre todo una carga enorme de oro puro. Los emperadores al ver el brillo del metal, sonrieron maravillados ante sagrada belleza. Le ordenaron a sus súbditos que llevaran el tercio del oro al salón de los metales preciosos, y el otro resto se lo encargaran a los artesanos reales para confeccionar utensilios domésticos con el oro puro que llegaba.

Otra de las curiosidades que llegaron, fue un hermoso laúd que parecía tener 300 años de antigüedad. Reivaj lo tomó y quedó maravillado con la perfección del acabado y el profundo sonido. Su admiración fue tal que les ordenó a sus súbditos instalar el laúd en la habitación real, lugar donde Reivaj y Aileda-Ralip dormían y follaban con pasión.

Así, entonces, se incorporaban las nuevas adquisiciones privadas de los reyes y se fundaba la incorporación de las nuevas colonias imperiales. La gloria de Júpiter se respiraba por cada uno de los ciudadanos de la excelsa Kalirvalion.


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...