La consciencia se expande al son del crecimiento inaudito de Kalirvalion;
el oro sideral se materializa en torrentes infinitos de riquezas que descienden para ser disfrutados por el gran mago.
Veo muchas buenas experiencias,
dadas bajo el sol radiante de un mayo y junio de años pretéritos;
se vaticina la grandiosidad de los logros imperiales,
de nuevas tierras acometidas en distritos bajo la jurisdicción del gran monarca,
porque en Kalirvalion el sol jamás descendía al mundo de la noche:
tocaba siempre los contornos de la gran imperialidad expansiva de la gloria y la dicha.
Y ahí veo, desde dimensiones diversas,
el amplificador de delicioso sonido siendo tocado por el gran blusero juvenil,
dándose todo en la intelección de la posibilidad de los verbos interconectados bajo pujanzas dignas de ser contadas por historias posteriores.
El misterium tremendum florece bajo el silencio de los muchos,
sobre la fugacidad del instante que se deja enternecer por el arrobamiento sideral de lo inaudito.
Porque magia y misticismo viajan juntos,
son las facetas necesarias del gran poder;
y así como Reivaj le dio eje al mundo de los doce apóstoles indescritos,
así también las posibilidades de la geometría se entraman en figuraciones expansivas
hacia la consecución de la manifestación de lo que la voluntad dicta.
Pues vendrá siempre un buen futuro:
las academias recibirán al erudito de estudios antiguos,
nuevas adquisiciones se darán bajo el recorrido del negativo en blanco,
vacaciones hacia el exótico acontecer de las religiosidades absolutas.
Porque la palabra es la verdadera magia,
la poesía es la verdadera magia;
porque la palabra dada en su flujo trae y recontrae el gemido de las diosas antiguas,
recuerda en figuración la irracionalidad de las danzas primitivas
que acontecían bajo el fuego fatuo de los primeros hombres,
que bajo la luna cantaban los designios del dios que quería hacerse carne.
Pues Dios es lo inaudito;
Mercurius, la figuración particular de su movimiento eterno.
La enseñanza de quien corre por las fronteras eternas es clara: es el movimiento el que trae las riquezas, es el movimiento aquel que da activación a la sensibilidad de aquello que sobrepasa todo ámbito concebible.
Las distintas estancias de la mente deben superarse bajo imágenes que le sean totalmente ajenas, de palabras que entonen el gran trueno de aquel que gobernó los cielos en los tiempos de la buena filosofía abyecta.
Ser de la sed de las consecuencias de los anteriores mundos
es una actitud necesaria ante aquel que quiere que su magia llegue lo más lejos posible de las interioridades intrusas.
Se debe ser valiente, pues la forma del sonido debe ser extraña,
distinta,
colocar en cuestión al que oye por primera vez las discusiones recalcitrantes de los teólogos cientificistas.
Calculando la gran consecución, se deberá ser fiel al tiempo eterno;
se detendrá a la contemplación del oro magnánimo y omnipotente de Kalirvalion,
porque el oro siempre vendrá y se renovará bajo la bendición de Mercurius Lucrum,
bajo la jurisdicción del gran Júpiter entronizado bajo los siete coros angélicos.
Respecto de la incertidumbre a qué es lo que lleva esto, es algo que se debe suspender;
la mayor gloria de los cambios viaja cuando la consciencia se abre a lo completamente distinto de sus absurdas suposiciones; se debe ser sensible ante la mirada del distinto, se debe ser distinto ante lo que es lo mismo y lo que se deja destrabar por las uñas insurrectas de la recapitulación de demonios y discontinuidades.
Las experiencias proyectadas siempre se abrirán hacia el más allá de lo humanamente posible; la expansión de la consciencia es un sine qua non de la magia.
Dejen que el trueno mayor dicte las formas de la ritualidad,
pues los poetas siempre supieron que el verso era el mayor de los encantamientos,
el mayor logro de la espiritualización de la humanidad bajo las grandes imágenes eternas.
La potencia de la abundancia siempre está presente
y lo estará bajo el mando de la palabra y el verbo.
La escritura sagrada es la indicada para direccionar la voluntad hacia las latitudes jamás transitadas por los entes conocidos.