Dinero explosivo,
Dinero sideral,
Dinero profundo, materia prima que se dio a sí misma en la inmanencia directa de la vida en su absoluta quintaesencia.
El Dinero es frondoso,
el Dinero tiene poder,
el Dinero favorece al viviente que se da en comunión con sus flujos y semejanza.
El espíritu del Dinero está presente,
el espíritu del dinero auspicia en todos los proyectos, en todos los movimientos alternos.
El Dinero hace rico al rico,
hace fuerte al fuerte,
el dinero favorece a quienes le recuerdan,
a quienes se entregan a su dicha placentera, presidida por las delicias de Dionisos,
y la gran justicia de Júpiter, el gran monarca de todo lo manifiesto.
El Dinero hace millonarios a sus adeptos,
hace poderosos a quienes se acercan a él con himno y pleitesía,
el dinero se hace amigo de quienes les dirigen el verbo,
que hacen de su hablar una expresión poética de sus posibilidades adversas.
El Dinero está vivo y presente,
protege los contornos del reino de Serolf Reivaj y Aileda-Ralip,
da a los súbditos del anteayer la fortuna de la suerte y la promesa del porvenir.
Se da fluido,
imparable,
incontenible por cualquier tipo de medio.
No hay resistencia que evite las bendiciones del Dinero,
del gran espíritu mayor, el gran espíritu de las riquezas,
de las materias ctónicas de antaño,
que esperaron siglos a ser descubierta por los nuevos investigadores.
Porque las bendiciones se auto-revelan para quienes calan hondo,
para quienes miran el centro,
para quienes hacen de su vida un acto mágico de fluorescente amanecer,
porque la abundancia se da en aquel lugar donde se le siente, donde se le puja,
donde se le invita en el éxtasis de la poesía circunscrita.
Los cantos venideros darán testimonio de la gran gloria,
del poder imperecedero del imperio que se auto-proclama portador de la verdad,
un imperio que cuya hipóstasis es la transfiguración hacia lo inaudito,
hacia la proyección de lo imperecedero, impensable e irrepresentable por los muchos.
El Dinero es la ley,
el Dinero es la sustancia arcana que brinda medicina prima a todos los enfermos,
el Dinero es la hostia prometida, el cuerpo de Cristo,
la materialización de la verdad divina, de los grandes misterios papales,
de los patriarcas visionarios que nos legaron el verde suceder.
El Dinero omnipresente da cabida a las grandes glorias venideras.