Amigos míos,
Lo que pasó
es que se murió la imaginación,
y ya no hay
nada que podamos hacerle,
se murió y se
fue,
y no dejó
nada para nosotros.
Amigos míos,
Lo que pasó
es que se nos murió la métrica,
y ya nada
suena a buen verso,
ni los mástiles
de las entrañas de un girasol roto
ni las
escamas mortíferas de una serpiente.
Amigos míos,
No seré yo el
mesías cual anuncie la sentencia perfecta,
a cual ojo
corte de nublado azul,
entre tanto ayuno
etrusco de mujeres desnudas.
Volvamos a lo
diurno y quizás nos topemos con los ladrillos fluorescentes,
que me tuvieron
20 libras succionado en estelas de realidad.
Amigos míos,
Quién sabe qué
nos depara el ahora,
pues las
estrellas se caen,
y los metales
florecen y nos quieren hablar,
y los colores
se ofuscan en un matiz carmesí,
como de orquestas
florecidas en campos amarillos
sin ningún tipo de semen ni sustancia vaginal entrante.
sin ningún tipo de semen ni sustancia vaginal entrante.
Así fue como
el director falleció en una avalancha de conceptos,
pues no supo
cómo detener la realidad,
y se fue en
estancias cuneiformes y nadie lo vio más.
Amigos míos,
No me juzguen
si me ven loco,
pues yo solo
escribo en mis umbrales exactos,
que logré
entrever en estelas de sueños lucidos,
tan lucidos
que se veían blancos,
así como un
espectro enlatado,
muy
brillante,
tan
brillante,
que, oh voz, única
voz,
se entrometió
Gonzalo en la sílaba
que no
quisiera.
Amigos míos,
Que alguien pueda
entender tanta parafernalia
expuesta en los salones de gobierno.
expuesta en los salones de gobierno.
Porque nunca
los payasos supieron ver tanto,
y entregarse
a las olas gigantes de un mar muerto,
lleno de salmón
en frascos asados,
reciclados de
una maquinaria ajena,
sin compasión
alguna,
los fueron a
tirar a un cierto perímetro,
y se fueron
en barcas,
como esos
viejos piratas que nos llegan de leyenda,
que navegaban
alta mar con tanta nostalgia,
y nos vimos
ciegos de tanto caminar adentro,
porque quizás
nosotros también fuimos piratas,
y ahora
vendemos ají en esquinas que no nos incumben,
e intruseamos mercaderías doradas de algún dios
dicho sea de paso.
Amigos míos,
Que no se nos
esfume la estela de estrella fugaz enfurecida,
de alca
montes de montaña cual fuera una azucena,
veamos que
hay en las esquinas de afuera y dentro
de los círculos concéntricos que contienen la silueta balcánica,
de los círculos concéntricos que contienen la silueta balcánica,
y no pensemos
que nos vamos de la raya,
pues no hay
raya,
ni sonido
fugaz,
ni matanza
entrometida,
ni folletos pornográficos,
solo hay un
gran centro,
esos que les gustan a los lamas de pelo ausente,
por allá tan
lejos,
en
cordilleras parecidas a nuestro muro del
mundo.
J.F.
J.F.
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