martes, 19 de junio de 2018

HACIA LA PUERTA


El desliz de mi pluma,
es como el desliz de una pluma ajena,
que revela en tinta invisible,
al arco que no llegó a circular,
y al astro que renació en una sopa.

Espero que la tomes caliente
así como en placer cósmico,
y te creas el rollo de que un día fuimos dioses,
porque todo siempre alguna vez fue lo mismo,
y resurgió en lo que se recicla,
y también en lo pensado basura,
volviendo un tanto en reaparición,
como astilla a cual gigante se incrustara
en leyenda errada y sacara jubilosa ventaja.

Ruido motor es el temblor de planetas,
a tal fábrica subterra,
que viniera a Viena si Alá fuera azucena.
[¡Cuánto aprendió ese Huidobro,
rozando estela de chispa inacabada!]
Chispa divina, chispa a la nada 
—dirán algunos—,
y yo no descarto la relatividad 
de aquel relato, quien relatando
relatara al relatante relatado y solo un rato.

Aladino ladino, fue el verso
del Gran Poéta (que recálque la tílde),
como si cambiando al vocablo
se abriera la gran puerta.

Pues quizás alguien ya la abrió,

Y estuvimos todos dentro,
pues quizás fuimos la puerta,
pues quizás fuimos cerradura,
y quizás tal vez acaso la llave 
la hicimos desaparecer,

Pensando un siempre a veces nunca
sabiendo que el no-vidente era el santo.


J.F.

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