miércoles, 7 de febrero de 2018

AMANTE DESCONOCIDA

En el salón de amaneceres, 
he visto el misterio de tu rostro,
reflejado en las cenizas 
de una noche agonizante.

No hay palabras para substraer 
lo sublime que trajiste
entre esas llamas furias 
de tu sexo sublimado.

Hay cosas que la noche no calla,
hay cosas que la piel no detiene,
como setas siderales, 
he ingresado yo a los aposentos de tu vientre,
recipiente intacto del vacío de lo no-naciente.

No hay batalla que se iguale 
al encuentro de los cuerpos,
ejércitos sedientos en libidinal disputa,
carne de santos dibujadas en esculturas epopéyicas,
abridora de portales hacia palacios y mitologías olvidadas.

Créeme muerto porque no estoy muerto,
créeme vivo porque no estoy vivo.
En tus reinados de placer he encontrado el sentido,
en el verso de tus pechos he hallado el ojal de los que duermen.

 Mírame con tu visión que no aguarda ocasos.
Llévame con tus labios a la morada de los doce secretos.
Permíteme encadenarme en tus caderas;
resbalín divino hacia espacios que no se conocen.

Ámame en osada epifanía;
que la presión de recuerdos no reculen tu instinto.
Déjate caer en mis brazos llenos de raíces,
y recuerda la chispa que ensordece tus razones.

Como un nómade de las cuatro direcciones,
yo te canto este canto,
para dignificar y anunciarle al mundo
eternidades de cabellos ondulados.

Entre aullidos y sirenas expectantes,
He reconocido el nombre: mi nombre.
Entre rincones de dudas sagradas,
he encontrado el idioma que descifra mis deseos.

Y es así como he decidido quedarme,
para ser testigo de tu belleza mestiza;
y volverme complice de orgasmos planetarios,
que no hallaron tregua en tu espacio ilimitado 
de estrellados horizontes.


J.F. 

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