domingo, 26 de mayo de 2019

LA SUBSTANCIA


Del tedio aparece la substancia anhelada,
En antelación de lo distinto hacia fuera en abundancia,
Pues Palermo es de diosas recostadas en ojales,

Y pensar
                                                                                 Que el sin sentido no fue nada,
Si comparo a la defensa con oleaje enardecido,
Así como felino entrante de capataz intermitente,

Que solo fue testigo del hastío ya hecho carne,
Tal cual a la entrepierna nunca dada a luz
                                                                           Y la sombra de los astros,
Manipulados por llantos mentirosos,
Hallando sosiego en el espanto de una vida llena de belleza,
Cuando el juego da buena nueva al entrecejo,
                                                                       Maestranza de payasos,
Intocables trotamundas, llenas de eficacia libidinosa,
Que a veces con el cuello azulado de placer,
Van trucando entendimientos en arbustos con aroma a sexo,
De penetración vaginal a centauros iracundos,
Pues fue el tantrismo más alto jamás concebido,
La incubación de dioses alados y universos imposibles,
                                                                                Anulados en lo idéntico de lo mismo, 
Dejando espacio abierto entre tanta basura microcósmica.


J.F.

LO QUE SE BUSCA ENTRE EL SONIDO


En un estado de ser
–Que en opinión del transeúnte enamorado, fue solo un santiamén de sexagenarias cometidas–,
Se dio entender aquel asunto que estaciones blancas re-encontraron en estúpido desenfreno.

En internación de lo adverso fuiste mía un par de veces,
Como aquella que se deja deshojar en panales de placer intacto,
Descubriendo acometidas inconexas,
Exagerando la mandrágora de los ausentes,
De festejo incandescente de la mirada de los otros.

Dejase ver alguna vez los secretos de lo mismo,
Para que el antílope menor se proteja de sus crías metafísicas,
Por allí en cuevas donde la serpiente se queda coja,
Evitando diluvios y testamentos innecesarios,
De vaguedades anticuadas en acuarios de seda intacta,
Sin exagerar que lo veloz fue siempre un desencuentro de defectos,

In-al-te-ra-ción de cicatrices y selecta inocuidad,
De querer yo que sea un tanto a diferente indecisión,
A efectuar la mirada de accionar grandilocuente,
Sin que importe que se irriten unos tantos,
Por el sonido impío de la palabra exacta y fantasías desaforadas,
Pues lo ideal es lo que entra en tejados grises,
De grisácea ideología de lo eterno y de lo mismo,
Para qué y para quién y para cuál,
Diría un pasado diferente en versos que fueron idos en deshonestidad desaforada y templarios ecuestres,
                                             De armaduría celestial,
Como la caballería colosal de tridentes indefinidos,
Por la sal,
Por el sol que se fue al contemplarlo,
Por la lluvia que tocaste en fantasías innominadas,
En una colcha inacabada de los dioses de ante ayer.


J.F.

martes, 14 de mayo de 2019

EL YO NO ES EL OTRO


El yo no es el otro
Dijo un gnani a la vuelta de una esquina sideral
Y yo le creí un tanto poco a la vez que enmarañaba mis calcetines sedientos de ser,

De ser uno mismo  y todo lo demás,
De ser quien uno fue y lo antelado a un dejo y vaguedad por lo que no alzo mirada,

De entre mes yo vi que el tiempo fue ficticio,
Para darme cuenta que lo que sube es siempre la silueta balcánica de un centro que solo pocos vieron,

Entre criptas y estalactitas,
Yo diría que nada de esto fue necesario,
Nada de lo anunciado por un tal y cuál y para qué,
Nada de lo oculto por poetas en seriedad bajo líneas adornadas por sus miedos más profundos,
                   Nada de esas cosas que me hice creer antes del alba amanecida en ojales y pezones exquisitos,
De sensualidad mitificada en claustro mayor de lo menor en ascendencia,
Polaridad presurizada de lo mismo,
De instintiva semejanza a lo presente,
Sin dado a parar por nada conocido allá entonces,
En pretensión de lo anunciado a un ante ayer de butacas excitadas y muchachas vírgenes,
Sintonizando lo inaudito en aquellos pasillos que la civilización abstracta no quiso cruzar,

Allanada en la nada fusca y onomatopéyica en mandato,
De suplica incandescente a lo adverso que se dejara ya entrever,
Queriendo escapar a lo hilarante,
Que la droga en casco fértil,
Que los astros en seminario azul cuando mis abuelos intentaron aquello que no fue descrito,
Grandilocuencia exacta de lo eternamente semejante,
Cerraré esta llave que me hiciste abrir,
Para dejar de ver los fantasmas que anunciaron la identidad de lo eterno doblegado a sí mismo.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...