Del tedio aparece la substancia anhelada,
En antelación de lo distinto hacia fuera en abundancia,
Pues Palermo es de diosas recostadas en ojales,
Y pensar
Que el sin sentido no fue nada,
Si comparo a la defensa con oleaje enardecido,
Así como felino entrante de capataz intermitente,
Que solo fue testigo del hastío ya hecho carne,
Tal cual a la entrepierna nunca dada a luz
Y la sombra de los astros,
Manipulados por llantos mentirosos,
Hallando sosiego en el espanto de una vida llena de
belleza,
Cuando el juego da buena nueva al entrecejo,
Maestranza
de payasos,
Intocables trotamundas, llenas de eficacia libidinosa,
Que a veces con el cuello azulado de placer,
Van trucando entendimientos en arbustos con aroma a sexo,
De penetración vaginal a centauros iracundos,
Pues fue el tantrismo más alto jamás concebido,
La incubación de dioses alados y universos imposibles,
Anulados en lo idéntico de lo mismo,
Dejando espacio abierto entre tanta basura microcósmica.
J.F.