Todo y nada será
la norma
Cuando las
migajas académicas de lo canalla
Sean devoradas por palomas cancerígenas,
De jeringas feligreses, entrecortadas por tijeras rimbombantes.
Ya no quiero
tanto acento,
Pues de querer no
hay ninguna sola cosa,
Que pueda ser
salvada,
Entre tanto bullicio
de ciudad muerta,
Paradisiaco sol
del norte fue para mi tu señal intacta,
¡Cuánta habría
sido la molestia!,
Si no hubiese hurgado en tus sostenes intocables,
Hechos por
imaginería de sueños y humedales.
Felicitada institucionalización
de lo otro,
La brecha es lo
que puede que demande un tanto poco,
Pues los espacios
son muchos y las ninfas escasas,
Y el ojo
espectador sólo uno,
Tan ido más allá
de lo conocido,
De horizontes insistentes y gastados por tanta poesía romántica.
Si el flujo se
hace seco para el que mire,
Que recuerde a la
criatura gris enclaustrada en pasillo oscuro,
Ella fue la que
vio todo,
Pero acallada fue por los amantes de la ignorancia ilustrada,
¡Qué lamentable
historia de parábola!,
De parábola de un
hombre que nunca fue hombre,
Ni animal obtuso
incoherente,
Que
sólo será lo que nunca se entienda,
O
comprenda por defecto,
Porque lo oficial suele ser infértil para los
campos sedientos de arte.
J.F.