Donde la piedra toca a lleno al silencio de los cielos
profundos,
Se dio inicio a la estampa del negativo invisible,
Como cámara de un siglo pasado,
Que aguardó tantos adeptos en posesión y técnica
perfecta,
Que quizás no fecundó lo relevante,
Y escribió al papel vacío ese afán de medición exagerada.
Seguramente creyeron el cuento de que fuimos reyes magos,
Y le dieron uso al compás de tempo utensilio,
Enviando cartas a postales lejanas de parajes burgueses,
Cuando un periódico anunció a la bomba atómica,
Y una estrella de rock se suicidó en sus lamentos.
Recuerdo lo ignorado en aquel coro de golondrinas
acabadas,
Y los pésimos versos de un pésimo Parra que se juró mayor,
—Sin rendirle crédito al accidente—
En aquel suspenso que evidenció lo evidente,
En destello estético de un verso feroz,
En orgasmo intocable de una diosa azul dicha sea de paso.
Las carreras frenéticas de una Esparta enamorada,
Los buques comerciales de la naciente URSS,
El mar que se llena de plástico quemado a la usanza,
Un manantial que conlleva a muchas cosas,
Una historia que no fue en castillo prometido,
Un verso material en fecundación de lo marxista,
Un toque desigual de filosofías solitarias,
Un tal Husserl vestido de Buda en escritorios germánicos,
Un tal Wagner que de anarquismo terminó en nazismo.
Un sabio que nos dijo que lo pensado ya no sirve,
Y una musa que se reveló en su clítoris errático,
—De tantos y tantos placeres—,
En la invención de los baños turcos,
En la consecución de un temazcal de la montaña.
Pero de lo falso no se da lo verdadero,
Aunque atendiendo a la añoranza, se pueda regresar,
Y volver a las rucas ecuestres que sedimentaron mitologías,
Y volver al fuego inerte del círculo de astros,
Y captar al telón de fondo de esta trama enmarañada,
Y entender que la nada fue Dios,
Y desojar al sufrimiento acumulado de la especie.
Para sosegar lo que se anhela,
Es menester la manutención y reflejo de la vaguedad,
Es menester el sinnúmero de atroces marañas,
—Resignando al payaso de los besos—,
Y a la mujer atrapada en su propio cuento,
Y al roedor soez escondido en la cocina,
Y al destello de verano y bello atardecer.
Ahí donde el recuerdo se contenta,
Y vuelven las cosas que no fueron,
Se reconcilian los insectos de baldosas vecinas,
Y los veo planificar una emboscada diferente,
Como una revolución silenciosa,
De una nueva síntesis geométrica de lo acaecido,
Pues el mamífero fue la vanguardia,
Y también el vagabundo que se durmió de día,
pasando las horas en clamor de su vaso vacío.
Da igual quién posea la astucia y la gracia,
Lo que importa en presente sucesión,
Es derramar migajas en placetas interrogantes,
Y encontrar palomas de forestas terráqueas,
Y abordar su misterio entorpecido,
En mirada perdida y ridículo caminar,
A la sazón de una escena bizarra,
En arrabal desierto de lo ido y por haber.
J.F.