martes, 26 de marzo de 2019

EL OJO


El ojo,

Una criatura cristalina,
Una circunferencia mayor,

Tan dada a la metáfora de misticismo vedántico,
Admisible solo a lo admisible,
Siendo lo aprobado un todo en envoltura,
Sosegado por el ciego que se ha visto merodear
Por el instante directo de la vida omnipresente.

Para que hablar de más,
Si todo ya fue dicho en los pasajes de una Novena Sinfonía,
Un mensaje acaecido de lo mismo,
Tan solo como el eterno retorno de lo mismo,
Y pienso en Nietzsche y su testaruda razón,
Y lo veo danzar junto al poeta de las doce letras encriptadas.

Barometro parlante,
Como Huidobro acaso sentenciara,
Y yo no hago más que mendigar los restos de una sabiduría arcaica,
En respiración y negación de lo que no ha tenido aliento,
Dibujando espuelas sagradas en maldición de serafín,
Sin dar importancia a la entelequia adquirida en masa crítica,

En masa crítica y unidad desfigurada,
Pues sólo fue aquel ojo el que lo vio todo detrás del cristal de un hogar anónimo,
Jugando a la realidad en sueños de rosas y claveles,
Expectante a la autoreferencia que jamás halló su sombra.


J.F.


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