lunes, 14 de mayo de 2018

A LA DUDA


A LA DUDA

De tentativa en tentativa,
puede que pierdas el rosal que le dio figura a tu rostro.
Porque refrenando lo que puja,
lo que puja sin dirección,
extravías esas letras y formas que dijeron mucho
ante las escuelas que callaron.

Divina duda que llegas a mi como los ríos que se desbordan en invierno.
Hállame como queriendo decirte,
como queriendo tocarte,
como sintiendo que he fingido la distancia,

porque en realidad no hay distancia
en la extensión de tu ángulo que me reclama,
ese ángulo obtuso con sabor irregular, que supo
dispersar mis deseos en un sinfín de fractales nebulosos.

Me voy en riachuelos,
en barcas hacia mares oscuros,
para encontrarte de cara y demoler las mentiras
que trajiste esas noches de otoño deprimido,
esas tardes donde la mujer que amaba se colgaba de mi nuca
y susurraba los enigmas de aquel mundo que las epopeyas suelen contar.

Me consagro en tu lentitud y en la incertidumbre de tu ritmo,
y te cuento que alguien de nosotros dos tiene que desaparecer,
porque han sido muchos años,
¡tantos años!, quizás eones,
donde el fantasma de tu vieja casa ha merodeado
la esquina de mis rincones más descuidados,
donde la luz de los faroles costeros no ha rozado el todavía
de la bruma que posa en las mañanas.

Así es como nuestro duelo callará al sonido,
en opuestos que danzan de forma concéntrica,
en discrepancias desoladas de una herencia que no nos corresponde,
ya que han sido los niños santos, esos que juegan en las plazas, los que
desmantelaron acertijos en alas invisibles de un pájaro llamado a
volar sobre los riscos.


H.S.

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