domingo, 31 de mayo de 2026

AL SOL INVICTO



Oh, Febo Apolo,

dios de la luz primordial,

dios de la lucidez absoluta,

portador del orden sideral y la armonía exacta.


Tú, quien trajiste la luz para los hombres;

tú, quien diste el equilibrio a la civilización naciente que se erguía sobre las ruinas de la primitividad;

tú, quien diste victoria a todo aquel que te cantara en la sincera intimidad de su devoción.


Dios arquero que a todo alcanzas con tu mirada omnipresente,

hazte presente para quien te canta;

hazte presente ante mí, Apolo de la luz primigenia.


Eres el Logos de Zeus,

eres quien da el equilibrio en situaciones diversas,

eres quien da la buena profecía a quienes en sabiduría te escuchan.


Apolo, dios de la belleza brillante,

dótame de tu luz para hacerme brillar por el mundo.


Que las gentes se sorprendan de mi luminiscencia,

que destaque entre los hombres por mi talento y lucidez profunda,

que mi trabajo siempre se diferencie en calidad y belleza de mi competencia,

y que la buena fama me acontezca entre las gentes.


Que la gente me ame y me admire,

que la gente confíe en mi palabra,

que la gente me desee,

que la gente me abra siempre las puertas.


Ayúdame a brillar en este mundo para adquirir poder frente a todos mis coetáneos;

que mi brillantez sea hipnótica y conquiste lo imposible bajo el encanto de mi armónica inteligencia.


Que los contornos de mi luz sean motivo de admiración,

que mi talento convenza a la gente de que soy el mejor psicólogo de toda mi generación,

que mi talento convenza a la gente de que soy el mejor guitarrista, el mejor músico, el mejor artista de entre todos quienes me rodean.


Que mi talento me abra las puertas a los mejores lugares de esta tierra,

lugares llenos de abundancia, lugares llenos de dicha.


Que mi belleza también sea admirada, Apolo infinito;

que la hermosura de tu luz se pose en mí para que el pueblo me admire en atractivo y armónica estética.


Que seas beneficencia absoluta, Apolo.


Que le des luz a mi magia, dios de la inteligencia sideral,

y que mi voluntad adquiera la potencia divina de materializar la realidad que en imaginación gesta; que los deseos que arden en mi corazón se cumplan en exacta consonancia con la semilla de su imagen.


Porque eres un dios benefactor, Apolo,

le has dado gloria y majestad a todo aquel que te ha cantado.

Porque las musas te acompañan y envuelven tu influencia bajo la belleza extraordinaria de lo divino.


Tu numen es necesario, Apolo,

así que nunca me faltes.

Que siempre estés presente para mí y que de tus frutos pueda yo alimentarme.


Protégeme, dios Apolo,

y protege a mi amada Pilar-Adelia;

bríndanos a ambos una larga longevidad y la salud prístina de tu hijo Asclepio.


Que tu influencia saludable también recaiga en Rosa Mackenna, madre de Pilar-Adelia, para que su vida se prolongue en goce lo más que ella pueda.


Acoge mis peticiones, Apolo, y recibe mi devoción,

que la gloria sea para ti y para mí bajo la consonancia exquisita con la totalidad de la verdad eterna.


Abracadabra.


sábado, 30 de mayo de 2026

AL ABUELO DE LOS DIOSES

 



Oh Saturno,

Cronos eterno,

titán de los tiempos primeros,

dador de la inmanencia radical,

de invisibilidad sagrada,

gestor de los segundos y el devenir de lo eternamente distinto.


Porque eres numinosidad pura, Saturno,

el abuelo profundo de las inteligencias sagradas,

el benefactor primero de edades doradas,

la telúrica basal del amplio espectro de la realidad.


Porque le das sustento a todas las cosas,

delineas los contornos de la delimitación,

le das mesura al tempo exacto,

imbuyes de contemplación todo lo que tocas.


Porque eres la quietud insondable, Saturno primordial,

eres la oscuridad del silencio,

la pasividad imperturbable de la invisibilidad una.


Eres la consciencia eterna,

el testigo trascendente de todo lo que existe,

el germen original de todo ver,

de toda experiencia dada en los contornos de lo infinito.


Cuán necesario te haces para la gran obra de Dios,

porque eres Dios en el aspecto meditativo de su esencia.

Eres el sustento, en compacta solidez, de las raíces prístinas de la intemporalidad.


Oh Saturno,

que desde tan sublime podio me escuchas,

ayúdame siempre en mi camino, titán de los tiempos primeros.


Dale poder a mi magia, Saturno,

conviérteme en un sabio teurgo,

en un poeta de la magia primordial.


Dale poder a mi voluntad, Saturno,

para que mi taumaturgia sea extraordinaria, omnipotente;

para que la realidad siempre se mueva a favor de mis mandatos,

para que la vida que quiero adquiera su materia y concreción.


Que tu auspicio esté siempre para mí, abuelo de los dioses;

que la hondura de tu consciencia se vierta en mí y pueda yo acceder a la gnosis originaria de lo Uno primordial.


Dótame de temple y sabiduría, Saturno,

para que siempre pueda conducir mi magia desde el exacto desapego de tu numinosidad.


Dótame de silencio interior,

de profundidad contemplativa;

hazme acceder a la meditación primordial del Ser primero,

de Dios todopoderoso,

de Júpiter-Zeus en la inefabilidad de lo Uno en absoluto.


Dótame de ti, Saturno, y hazme maestro de mi propia magia.


Que tu influencia sea también de protección para mí, hijo de Urano,

y que cuides sagradamente a mi amada Pilar-Adelia en todos sus asuntos.

Que ambos vivamos una vida tan longeva como los eones de tus años, Saturno.


Que la vida se dé buena, que pueda tener tranquilidad,

que el beneficio de tu sacralidad esté siempre conmigo.


Abracadabra.


viernes, 29 de mayo de 2026

EL TEMPLO DE ETÓLIDE


Cuán hermoso lucía el Templo de Etólide,

aquel templo mayor de centenares de años,

aquel espacio sacrosanto lleno de numen

en el que las ritualidades de Afrodita se llevaban a cabo con ferviente devoción.


Porque en la isla de Etólide se vivía el culto afrodisíaco más extraordinario jamás visto en toda Kalirvalion;

más prístino, más poderoso, más mágico de todo el reino.


Porque Etólide era la isla regente de la divina diosa,

centro de la magia sexual y las delicias del amor,

capital mística de los manjares eróticos.

Allí, profundos cultos eran ofrecidos en honor a la diosa.


La magnificencia del gran Templo de Etólide rebasa toda determinación pensante;

glorioso era el semblante del templo más extraordinario dedicado a la diosa.


En el monte de Salicias yacía,

bajo una panorámica impresionante hacia las cristalinas costas del mar Arruante.


Los jardines eran la antesala del glorioso edificio,

y en el umbral podía divisarse una estatua de Eros, hermoso en divina edad infante,

guardián primordial de la madre de todos los placeres extáticos.


Dentro del templo lucía magnánima la estatua de una Afrodita desnuda:

elegante y erótica, magnética y fogosa,

mientras las heteras, en constante ritualidad, ofrecían sus hierbas al fuego central ante el cual se le rezaba a la titánide ancestral.


El templo también contaba con augustas salas privadas

donde se llevaban a cabo servicios mágicos de prostitución ritualística.

En ellas se ofrecían al devoto sesiones de sexo sagrado

en honor a la diosa de todos los coitos.


El sexo en Etólide era considerado una actividad sacra,

el ámbito donde precedía la diosa acuosa

y la dimensión más profunda de sus ofrendas.


Se podía adorar a Afrodita bajo la práctica exquisita del sexo,

y las heteras eran las sacerdotisas encargadas de fomentar el placer

a los ciudadanos devotos de la gran diosa.


Cuánta belleza era aquella que podía contemplarse en tal espacio sagrado:

templo sinigual, templo magnificente,

templo donde los misterios del sexo eran enaltecidos bajo el coito digno de las bellas prostitutas.


La numinosidad en Etólide se vivía bajo orgasmos y placer coital.


Afrodita rugía viva en cada uno de los espacios de ese templo.


A LA DIOSA DE LA ESPUMA PRIMORDIAL



¡Oh Afrodita!

Diosa de la sensualidad profunda,

diosa de la tentativa erótica y el deseo de buen coito.


Tú, que eres la belleza suprema;

tú, que eres la potencia seductora de todo cuerpo en carne e invisibilidad,

escucha mis palabras, diosa de la sexualidad sagrada.


Te veo tan hermosa, diosa femenina,

entre oleaje y espuma sagrada,

entre hondura y brillantez exuberante,

entre el exquisito perfume de tu sexo

que con furia reclama la penetración salvaje del gran amante.


Te veo nadando dichosa entre las aguas,

mostrando tu cuerpo desnudo ante el testimonio de los dioses,

que anonadados te miran, hipnotizados por tu belleza.


Porque eres irresistible, diosa de todos los coitos;

eres exquisita, tu riqueza rebasa todo el cosmos

y colma de placer a quienes en reverencia te recuerdan, divina diosa.


Porque fuiste quien conquistó a Marte,

porque mostraste tus encantos a tantos marineros que en su viaje te cantaban,

porque enloqueciste a tantos mortales que osaban insultarte,

porque pusiste a prueba a Psique en el sincero reclamo de tu hijo.


Porque eres la señora de todos los amores,

de toda atracción,

de todo sentimiento enamoradizo,

de la pujanza del sexo profundo,

de la necesidad de una piel sudorosa,

de la fuerza atractora de todos los amantes.


Eres el poder primordial, diosa Afrodita,

la vinculación primera de la realidad, que consigo misma copuló para dar a luz a todos sus fenómenos.


Ninguna palabra puede agotar la infinitud de tu éxtasis,

porque eres omniabarcante, diosa de la preciosura sideral;

eres eterna, eres sublime, eres la potencia mayor de todas las pujanzas,

de todo semen furioso, de todo clítoris dilatado por el reclamo de su deseo.


Ayúdame siempre, divina Afrodita,

ayúdame y dame siempre tu buena influencia.


Que tu numinosidad pueda recibirla en la receptividad silenciosa de mi meditación;

que pueda ser sensible a la belleza de todas las cosas, que la belleza siempre me acompañe.


Que siempre sea yo un hombre sexy, un hombre atractivo, irresistible;

que el sexo entre Pilar-Adelia y yo siempre te tenga a ti, y sea intenso, exquisito y gozoso.


Que tu poder sexual potencie mi magia, sagrada Afrodita;

que seas una fuerza primordial que promueva los cambios que mi voluntad dicta.


Hazme todopoderoso, Afrodita,

para que pueda materializar la vida que quiero con mi magia extraordinaria.


Que estés siempre conmigo, diosa de la sensualidad,

y pueda acudir siempre a ti en busca de ayuda.


Porque yo te amo, Afrodita, y en devoción te canto este himno,

que desde la hondura de mi ser emerge

para renovar el vínculo originario con las inteligencias sagradas.


Salve a ti, Afrodita,

ayúdame con lo que te pido.


Abracadabra.


jueves, 28 de mayo de 2026

LOS SÁTIROS Y NINFAS DE FÓLIDE


Allí en el manantial,

bajo la cascada de Fólide —legendaria por las historias mágicas del folclore local—,

yacían los sátiros y las ninfas, disfrutándose en goce bajo la hermosura de su sacralidad.


Yacían preciosos: algunos en descanso, otros en goce y juego,

otros disfrutando de la frescura del agua santa.


Seres celestiales de ensoñada fantasía,

de inocente y lasciva impulsividad,

que a tan placenteros coitos se entregaban en sus cuerpos.


Las ninfas provocativas purificaban sus cuerpos en el afluente de la vida,

mientras los sátiros, en gozoso descanso, dormían; soñando quizás con los dioses mayores, que desde las alturas presidían el goce de su placer y dicha.


Porque en Kalirvalion los seres sobrenaturales todavía podían divisarse en la virginidad de la naturaleza vasta, y no era sino en Tamotricia, el continente más virgen en cuestión de tierras naturales, la región donde los seres míticos aún vivían en su merecida independencia y sacralidad.


Las ninfas y los sátiros eran adorados por una serie de cultos,

y numerosas escuelas mistéricas fueron fundadas alrededor de sus enseñanzas.

Porque no eran sino la expresión máxima de los misterios pánicos,

de los misterios dionisíacos dados en su más exquisita seguidilla de placer erótico;

no eran sino la expresión natural de los hijos de Hermes-Mercurio, que se entregaban en éxtasis en la simbiosis originaria del poder salvaje.


Y así podían verse,

disfrutando del paraíso original de la tierra prometida,

de la naturalidad sin moral, sin lenguaje, sin restricciones.


De sus cuerpos se evidenciaba el misterio superior,

de sus orgasmos se revelaba la dicha eterna de los astros,

y la inocencia extraordinaria se hallaba uno con el placer eterno.


La sacralidad natural expelía su verdor hasta las latitudes inciertas de la realidad primera,

para hacer eternos los instantes, para inmortalizar el juego irreflexivo de la sabiduría innata de la lascividad irrestricta.


Los sátiros y las ninfas eran dichosos,

y la magia en Kalirvalion florecía en la preservación de las inteligencias primitivas de la sacralidad salvaje.


LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...