Piadosa ausencia aquella que entreví en tus conciertos de
moralidad a disimulo,
—¡Cuánta
cautela habrás bebido en esa copa de Martini Dry!—
Y yo que esperé tanto de tantos, para solo in-acabar en la
tortura que se gestó en
la morada de un alacrán muerto.
Así sucede en la epopeya pretendida en devorar sus propias
sombras,
cuando cualquier objeción dividida es un volver a lo que
no ha de volver nunca,
y las memorias se recrean en monedas perdidas como
doblones marineros,
de los alguna vez el capitán Drake ultrajara en novela picaresca,
ignorando al conflicto y resolución [en desventura.
ignorando al conflicto y resolución [en desventura.
De una opinión a otra, no hay nada con lo cual revertir al
tejido acuoso,
ni siquiera la tardanza de haberme adelantado a un entre
tiempo,
ni la simbología idealizada de un Estado material estancado
a tuerca floja,
ni las fábricas filantrópicas de la fiscalización y
mecanización de la mentira.
Velado velador que enturbia al gran encuentro,
si tuviera yo acaso la posibilidad de aquel destello que
se manifestó en los libros de tu húmeda sospecha, seguiría en retroceso
inalterado, en curvatura de fierro invisible, destilando a la materia inerte de filogenética faltante, y alternando la ascendencia casta de un conocimiento que se
veló inútil.
Pero las cosas nunca son como se pensaron de noche,
y el espectro enlatado de un salmón que fue muerto en una
costa,
—por allá en rincones oscuros de corporación
multinacional—, sabe siempre traer a buena mesa
lo que un político no pudo ocultar en el salón ilustre de un palacio de gobierno.
Sacudo entonces al ropaje enturbiado en desuso,
y comienzo en proyecto lo que algún día pudiera en buena
nueva,
contrarrestar el Karma acumulado en historietas pornográficas,
como código encriptado de placetas comerciales que un tal Hegel aprovechó en tendenciosa oferta.
J.F.