jueves, 16 de agosto de 2018

A UNA QUE SE FUE


¡Cuántos litros de vida habré eyaculado aquella tarde donde te veías etrusca,
escondida en la sábana que nos veló y contó el secreto de la índole de un santiamén!

Sí, habrán sido muchos, a lo sumo,
y en segurísimo caso no bastó para contener al recipiente intacto de tu cavidad sosegada.

A veces ya ni se de lo que hablo [te lo digo con honrada honestidad],
pero pienso en esas flores que cayeron en otoño, y te veo de lejos, sentada,
en el silencio que cobijó nuestro primer beso, y me remuevo en letra seca,
y vuelvo a esto de representar el momento que no capté en la ansiosa repetición 
                                                                                                                                [de tu erotismo.
¿De qué me sirve entonces, la memoria,
si ahora las formas se retocan en cuestiones ajenas a toda inspiración poética de facto?

Por favor, dime que captas el sarcasmo aliterado, pues ya no queda sílaba posible que 
dibuje al desencanto, a ese quiebre de sexo inacabado que tu sirviente aún urge por sanar.


J.F.


lunes, 13 de agosto de 2018

UN EJERCICIO INÚTIL


Me pregunto ­—con honesta disonancia—
si lo poético es oficio o accidente,
o acaso una respuesta que no se hallara justa
en los umbrales de vanidad a discreción.

Quizás hay algo que guía a esta pluma ciega:
un espíritu indeleble o un vacío fugaz,
o tal vez un equivoco sagrado que se vio inerte
y no supo detener la consecución de su herejía.

Sea cual sea el caso,
la tarea del escrito se ha visto trunca
y aquel verso que se halló en suspenso
no toleró al segundo fugado en apuro.

¡Cuán cierta es la tragedia del hablante
que no captó a su poema prometido!

Quizás Wittgenstein tenía razón al afirmar
que los mudos son vanguardia frente al eco
de realidad que todavía nos convoca...................
...................................   que todavía nos convoca,
pues en continuo ideograma se evidencia lo inútil
como el gemido quejumbroso de ese anciano
que no quiso morir a boca seca.


J.F.

lunes, 6 de agosto de 2018

VELO TRANSLÚCIDO


Sé por lejana proximidad
que los ojos que vieron la luz
no cuentan como testigo referente.

¡Tantos poetas que juraron descifrar el sumo misterio,
y yo solo veo diluvios por allá donde nadie dijo nada!

De la palabra se ha acumulado el verbo,
y del verbo se rellenó el sin sentido,
pues no es cierto que el verbo fue Dios,
solo fue un gran 0 que se disfrazó de geometría latente.

No me interesan los discursos que se enredan en sus propios sueños,
para un hablante solo tiene sentido la vida que se transparenta en lo intocable.

Díganme necio en pretensión, o lo que sea,
pero aquel velo translúcido, es lo único que queda,
en este circo de vanidades tecno-parlantes.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...