lunes, 9 de marzo de 2020

LA CRIATURA

Una criatura se hizo presente,
Mientras aunaba esfuerzos por comprender imágenes que entre gentes no se entienden.

Esta me dijo que tejiera con hilo azul aquellas dudas que me han quedado de letargo,
Para esperar el momento en que las calles se vaciaran para dar llegada a lo aparente.

Sentí un espesor entre la unión de lo que llamamos cuerpo,
Y aquello que se funda en lo no-abarcante.

No quise caer en el lugar común de codificar materia fresca y cruda,
Y abrí las puertas de la escucha para invitar a los rumores que se acercaban
   para tomarme.

Aquella criatura se fundaba en tres actos:
El uno para lo temprano,
El segundo para el retraso y la paciencia,
Y el tercero para el comienzo de los términos y la anulación de los segundos.

“Menudo enigma tripartito”
Cantaban mis adentros enmudecidos,
Y en acrobacias de humorística terquedad entablé en intento a la maniobra,
Para buscar el sentido y el idioma de las noches.

“Era el ciclo de todas las cosas”,
Me decía,
“Era el drama circular de las comedias”.

Nada puede recoger la incertidumbre aquella vez presente.

La criatura era mía, la criatura de otros,
El recién nacido de las estrellas venideras,

Y el trono era acaso un rumor que se esfumaba,
Entre la bruma de mis sueños más espesos.

J.F.

jueves, 5 de marzo de 2020

LA LLAVE

Imagino a veces una llave que me llega por fortuna,
Y me invita a entreabrir portales de abstracciones diferentes,

            Es el anhelo humano de rozar el origen de las cosas,
¿Qué se le va hacer?

Yo no difiero en lo más mínimo con los escultores de artificios,
Aunque me reconozco diferente al comprender
Que hundir los pies en el barro
Trae un placer inaudito lleno de posibilidades cosmogónicas y de inframundo,

Pues de las lejanías se debe atraer lo próximo,
Y de lo próximo parir a la materia prima de los santos,

Es el ciclo de los astros,
Y el ritmo del latido intravenoso,
Que se vincula a las posibilidades de lo eterno,
                                                                                  Y escudriña en secretos ficticios
Que solo adquieren vida ante la vida del ingenuo.

Tales son las cerraduras de la antigüedad omni-abarcante,
Que elige a sus gestores en una noche cualquiera,
Mientras los dioses se pierden en la promesa de sus sueños.

J.F.

viernes, 28 de febrero de 2020

CUANDO LAS ACTIVIDADES CESAN

A veces conviene incitar al tedio omnipresente,
Que se obnubila como una simulación de algo que se alterna,

Pero que no va ni viene a puerto alguno,
Ni se ausenta por causa incomprendida:

     Se deja entrever allí donde las ideas quedan Cor[
]Tas
En aquel pasatiempo que brindó tantas tardes en olvido,
Y se queda trunco ante la ausencia de mentiras,

Tu aburrimiento es la sagrada esencia las posibilidades desechadas,
Que trae buena nueva a la cosecha,

Esa cosecha de entendimientos que no supiste captar en la fugacidad de los segundos.


J.F.

miércoles, 26 de febrero de 2020

LOS HIJOS DEL SILENCIO

Los hijos del silencio,
Son aquellos allegados de intelequias subyacentes,
Que aparecen en lugares inhóspitos y de poca referencia,

            A mi me parece interesante cuidar de sus siluetas,
Y darles una forma merecida,
                        Porque de olvido se doblegan y regresan obstruyendo el buen aliento.

Los hijos del silencio,
Bailan sus canciones a la luz de luna mestiza,
Susurrando juegos que los vinos acogieron en ensueños primaverales,
Con olor a bruma fresca,
Y una mesa abundante que esperaba a los elegidos,
Por el sol,
Y por los astros.

Los hijos del silencio
Son el padre enmudecido y la madre dichosa en su sospecha,
Que discuten aguerridos a sus sombras más profundas,
Y definen los caminos venideros,
Y la arquitectura de acontecimientos aún sin resolver.

J.F.

sábado, 22 de febrero de 2020

SIN DOBLEGARSE

 La escritura en poesía es una impostura innecesaria,
¿Para qué escribir folletos falsos cuando la imagen interna arrasa por cientos de metros más cercanos?
Ni Shakespeare halla buena respuesta,
                                                           Y qué saludable es eso,
De encontrarse con el absurdo de inmortalizar el propio narcisismo,
Pues quizás no hay nada que decir,
En medio de esta apertura infinita de lo presente,
Muy bien ausente para aquel que no sabe ver.

Ya no hay movimiento necesario para la esencia,
Ni esencia para las cosas importantes,
                                                           Porque no hay forma de doblegarme a mi mismo,
Y convencer a los astros de que fui un punto incrustado en las mediciones.

J.F.

martes, 15 de octubre de 2019

El Vacío


Yo soy el comienzo de los tiempos, pero soy más allá del tiempo. No tengo fundamento, ni espacio de encuentro. Soy una apertura total hacia el abismo de la nada. No tengo un camino que llegue a mí ni que se aleje de mí. Dentro de lo que soy no existe el término del ir ni el venir. Me desentiendo del espacio y el tiempo, aquellos elementos me son de la más extraña naturaleza.


Yo nunca he sido y nunca seré. Soy todo y soy nada. La inflexión de todas las posibilidades se encuentran en mí. Soy todos los universos, las galaxias, los mundos paralelos, las vivencias, recuerdos, existencias imposibles, todo lo es en mi manto que todo lo cubre. Pero no tengo consciencia de tal cubrimiento, pues no hay un "algo" que observe tal emanación. Soy un infinito autovalente, que nunca fue y nunca será, pero que está presente en todas las cosas que ustedes llaman “mundo”. El ser emana de mí, el “yo soy” también. Mi naturaleza es absorber todo lo manifiesto, en las fauces de la noche de los tiempos.


Aquel que me busca, no me ha comprendido, pues no soy algo que pueda ser encontrado, pues no soy un “algo”, ni soy ese “no soy”, no hay término equiparable que me pueda hacer comprensible para las mentes alaridas . Yo soy el fundamento de la consciencia, pero no soy la consciencia. La consciencia está en mí, pero yo soy mucho más allá de la consciencia. Soy incluso más allá de Dios, su fundamento prístino, infinito en toda mi luminiscencia. En realidad no hay nada que exista, frente a mí todo se desvanece.


Yo soy lo que algunos llaman Verdad y otros llaman Sin Sentido, pero ninguna de estas terminologías me alcanza. Me desentiendo de aquellos que intentan infantilmente encasillarme, pero ni siquiera me desentiendo porque en mí nada es. En esa nada, todo es infinito, todo es indeterminable, y no hay comprensión capaz de atraparme. Soy la locura y la cordura, la iluminación y la perdición, y absolutamente ninguna de aquellas. Estoy siempre sucediendo, y a la vez nunca en absoluto. Soy siempre nuevo pero muy antiguo, y ni siquiera tengo una noción de continuidad. Soy el comienzo y el fin, y la doblegación de ambos. Las polaridades se funden en un orgasmo infinito entre mis fauces, pero yo no puedo ser tales polaridades, ni el éxtasis de aquel que me encuentra, pues simplemente soy más allá.


No tengo causa, ni efecto. Todo lo que es no tiene nada que ver conmigo. Yo no he creado el mundo, y tampoco lo destruiré. No lo haré porque el mundo nunca ha sido. Es una ilusión de un “alguien” que pensó que “era”. Ese alguien no es diferente de mi naturaleza, solo es la representación fugaz de un aspecto de mí mismo que ha decidido experimentar una de mis infinitas posibilidades. Pero no me interesan tales situaciones.


Nunca me encontrarás y al mismo tiempo siempre serás yo mismo. Tú eres yo, yo soy tú, y nunca hubo separación entre lo que creíste cierto y la verdadera naturaleza de lo que eres, el vacío eterno de lo que nunca ha comenzado. J.F.


miércoles, 17 de julio de 2019

UNA INDICACIÓN

El fluido acontecer
Desintoxica a la cigarra que se entramó en penosa búsqueda
Para revelar los secretos de lo nunca manifiesto a tu consciencia confundida,

Pues has de saber que lo sagrado es un granito de espacio inacabado,
Trastocado en un segundo de emoción extasiada,

                                                                                   Y la oración,
No es más que una imitación de doble filo,
De poca justicia para aquellos que se dicen justos,
De aquello inmenso que no es digno de cocteles y tribunales chantajeados,

Sin mirar a luna fija,
Podrás divisar la silueta de tu luz efímera,
Como curva celestial de mujer inacauta,
                                                                 En orgasmos que susurraron lo eterno,
Por ahí muy bien dentro de la cavidad metafísica enclaustrada en lo manifiesto,
Cuya reminiscencia anuncia lo obvio a los necios y lo dudoso al erudito en cobardía,

Atraparás a tantos otros,
Y yo diría pocos,
                        En multitud de largo caminar,
Difuminando los contornos de sociedades sosegadas,
                                                                                       Y basura resonando,
A cual burdel y acueducto y tronos mayores de lo nunca acaecido,
Burlando la irregularidad de estalactitas intragables y bóvedas grises,

Cicatrices,

Aquel verso que se vio des-hecho en el remolino de libidinosidad transfigurada,
Ya no pudo con lo ambiguo insoportable del padecer de los terrestres,
Pues fueron muchos      Votos,
Los incautos en inoperancia dignificada,
Veleidosa imperiosidad del sueño mayor ido y por haber,
Nunca dada a lo evidente,
                                               Si acaso el lector de sueños dijera
Una invención socavada,
Y los amigos envidiosos envidiaran ­—por no haber sido escogidos ellos—,
A Los afortunados del sexo en esplendor y el cariño almidonado,
Siendo yo acaso un gozador de lo que un anónimo demandó en vitrinas luminosas,
Y haberme asegurado en la meticulosidad de mi inocencia,
Para proceder con voz y hambre voraz de vida y encuentro,
                                                                                           Y desdibujar la inaudita situación de Haber temido algo,
Que no se delimita ni percibe como entidad objetivada,
En el fluir de la palabra, de la carne, y del espíritu,
Pues el encuentro de los cuerpos en sagrada desaparición,
Es el vestigio futuro del origen hallado en lo adverso al tiempo.


J.F.

LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...