Me pregunto —con honesta disonancia—
si lo poético es oficio o accidente,
o acaso una respuesta que no se hallara justa
en los umbrales de vanidad a discreción.
Quizás hay algo que guía a esta pluma ciega:
un espíritu indeleble o un vacío fugaz,
o tal vez un equivoco
sagrado que se vio inerte
y no supo detener la consecución de su herejía.
Sea cual sea el caso,
la tarea del
escrito se ha visto trunca
y aquel verso que
se halló en suspenso
no toleró al segundo
fugado en apuro.
¡Cuán cierta es
la tragedia del hablante
que no captó a su
poema prometido!
Quizás Wittgenstein tenía razón al afirmar
que los mudos son
vanguardia frente al eco
de realidad que
todavía nos convoca...................
................................... que todavía nos convoca,
................................... que todavía nos convoca,
pues en continuo ideograma se evidencia lo inútil
como el gemido
quejumbroso de ese anciano
que no quiso
morir a boca seca.
J.F.