NADIE SE DIO
CUENTA
Y llegó el
momento donde
te digo que los
desarrollos
no llevan a
ninguna parte.
¿Para qué íbamos
a esperar más?
Llegó ese día,
ese momento,
que quizás una
vez intuíste,
que rozaste, que
aclamaste, que llamaste,
pero que nunca
tocaste,
porque…………………………………....
¿cómo ibas a
tocarlo si todavía no llegaba?
El hecho es que
llegó y se quedó,
y todavía no te
das cuenta.
Has buscado y te
has escondido,
has florecido y
te has marchitado,
has follado y te
has castigado, y
¿todavía no te
das cuenta?
Darse cuenta… sí,
¡qué palabra aquella!
Tan dada a los
ermitaños de Himalaya,
tan olvidada por
académicos podridos,
tan falsificada
por “““revolucionarios”””
de materialismo
dia-léc-ti-co.
Es que en
realidad nadie lo ha visto:
el tiempo ha
llegado pero nadie se da cuenta.
¡Ay!, ¡qué
tragedia homérica la que vivimos hoy!
El viento lo
gritó, pero nadie se dio cuenta.
Las ballenas del
ártico lo dibujaron en sus rutas,
pero nadie se dio
cuenta.
Un poeta anónimo
lo cantó mil veces en sus butacas vacías,
pero nadie se dio
cuenta.
Y yo lo digo
ahora,
pero nadie se da
cuenta.
¿Cuántas horas
tienen que pasar para que alguien,
solo alguien, tal
vez un átomo, un soplido fugaz,
una sola porción
de rumor humano pueda por fin
darse cuenta?
¡Pero si la hora
ya llegó!
Y a pesar de
todo….......adiv[na]………...............
……………………...……...[na]die se dio cuenta.
J.F.