sábado, 9 de junio de 2018

NADIE SE DIO CUENTA


NADIE SE DIO CUENTA

Y llegó el momento donde
te digo que los desarrollos
no llevan a ninguna parte.
¿Para qué íbamos a esperar más?

Llegó ese día, ese momento,
que quizás una vez intuíste,
que rozaste, que aclamaste, que llamaste,
pero que nunca tocaste,
porque…………………………………....
¿cómo ibas a tocarlo si todavía no llegaba?

El hecho es que llegó y se quedó,
y todavía no te das cuenta.
Has buscado y te has escondido,
has florecido y te has marchitado,
has follado y te has castigado, y
¿todavía no te das cuenta?

Darse cuenta… sí, ¡qué palabra aquella!
Tan dada a los ermitaños de Himalaya,
tan olvidada por académicos podridos,
tan falsificada por “““revolucionarios”””
de materialismo dia-léc-ti-co.

Es que en realidad nadie lo ha visto:
el tiempo ha llegado pero nadie se da cuenta.

¡Ay!, ¡qué tragedia homérica la que vivimos hoy!

El viento lo gritó, pero nadie se dio cuenta.
Las ballenas del ártico lo dibujaron en sus rutas,
pero nadie se dio cuenta.
Un poeta anónimo lo cantó mil veces en sus butacas vacías,
pero nadie se dio cuenta.
Y yo lo digo ahora,
pero nadie se da cuenta.

¿Cuántas horas tienen que pasar para que alguien,
solo alguien, tal vez un átomo, un soplido fugaz,
una sola porción de rumor humano pueda por fin
darse cuenta?

¡Pero si la hora ya llegó!
Y a pesar de todo….......adiv[na]………...............
……………………...……...[na]die se dio cuenta.


J.F.

miércoles, 6 de junio de 2018

Código en rima

CÓDIGO EN RIMA


Hay algo que quiero contarte,
pero de contarte sería un atenuante,
de calaveras encontrando habido
relojes que devorara tu carne.

Hay algo que quiero enterarte,
de partes inventadas lactantes,
sin rimar ni nada, augusta mirada,
silábica genocida que estirara la marcha.

Hay algo que quiero entregarte,
pero de entregarte no podría pararte,
en silencio adverso de sílaba rusa,
de ruido verbo que se hallara indeleble.

Siluetas cortando te encontrara tendida,
de tonal acosado acueducto abriría,
en nahual aterrado de silencio semblante
que lúgubre sangrienta arrasara matanza.

Y si hay algo que quiero contarte,
no sería más que secretismo petulante
que codificando hallaste sentido indignante,
oscuro menguante en gallardía dejaste.

(Y yo siempre riendo, 
y tú nunca entendiendo).

J.F.

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¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...