VENTOLERA
Eres la saeta veloz
de los
susurros de antaño.
Eres la ráfaga
ecuánime que enciende hogueras
de intuiciones
perdidas.
Así veo tus alas
invisibles que me elevan en
fauces de espacios
perfectos,
porque tú eres el
aire del espíritu,
ese anuncio acaecido
en mándalas fragmentados.
Quisiera tener las
palabras
para imprimir el goce
que traes
en tus danzas,
de aquellos rituales
paganos enamorados
de la más alta
ciencia oculta.
Eres la espada de
dinastías nortinas,
eres el fuego azul
que consume
a la estupidez
civilizada de
metropolis grises.
Tus ondas
trasparentes
se traslucen en la
esperanza
de vagabundos
visionarios.
Tus caricias
repercuten en la
construcción de
arquetipos en
temporalidades
alternas.
Que tu manto infinito
pueda contener
a los infantes de
coronillas luminosas,
para que el tiempo
rece verdades
en recipientes
vacíos,
para que altares
aztecas
renueven acuerdos con
deidades de
tonalidades crípticas.
Y en eso te vas y
desapareces,
porque sabes mejor
que nadie
que lo eterno dura un
segundo,
que el entendimiento
numinoso
es un destello
impermanente
en la totalidad de la
nada.
Así y todo yo te
espero
y te seguiré
esperando,
en estos campos de
araucarias amarillas,
ofreciendo mi rostro
ante aquello que no conozco,
reconociendo en mi
recuerdo errante
el lenguaje de tu
canto
que ofreció tantas
flores
inundadas por la incertidumbre.
H.S.