jueves, 28 de julio de 2016

SOBRE LA MEDITACIÓN



Luego de una pausa dubitativa que tuve antes de iniciar este escrito, me ocuparé de un tema, la verdad es que bastante complejo, tanto intelectualmente como experiencialmente: me refiero el tema de la meditación.

http://www.planetaholistico.com.ar/Zen/zen-budismo3.jpgMás que una revisión histórica sobre la meditación en las diferentes culturas, más que una instancia de religiones comparadas, intentaré indagar un poco y en la medida de lo posible, sobre el tema de la meditación como experiencia directa.

Las diferentes religiones, las diferentes enseñanzas espirituales, ya sea las occidentales o las orientales, han añadido a sus enseñanzas (de una u otra forma, con diferentes traducciones) el tema de la meditación. Particularmente, en este escrito me ocuparé tomándome de un lenguaje más similar a las tradiciones de oriente, específicamente, el budismo (en todas sus vertientes), y secundariamente el hinduísmo. 

Primero, en estas tradiciones, se pueden percibir dos acepciones importantes y fundamentales de la meditación. Primero que nada, se la entiende como una práctica, como una praxis, en la cual la persona realiza ciertos esfuerzos, cierta disciplina en pos a un "objetivo", relacionados con el armonizar la mente, observar la mente, autoconocer la mente, etc. Por otro lado, otra acepción importante, que sería la segunda cara de una misma moneda de la meditación en oriente y en el budismo, es que se habla de que la meditación en sí misma es un estado específico y trascendental de la mente: un estado específico de comprensión y de conocimiento trascendental. De esta manera estas dos concepciones de la meditación no se contradicen, y al parecer están una ligada con la otra; es decir, se comprende a la meditación como un medio y como un fin al mismo tiempo.

Pero, llevando este tema a la experiencia presente (que es justamente en lo que consiste la meditación), podemos preguntarnos ¿qué es la meditación?, ¿es un estado particular de reflexión?, ¿es un estado particular de observación, de uno mismo y del ambiente?, ¿es un estado de relajación?, ¿es un estado de comunión con Dios?, ¿qué es la meditación?

Frente a estas preguntas, inevitablemente surge un abismo frente a nosotros, un vacío de toparnos con imposibilidad de penetrar la meditación por medio del intelecto; cosa paradójica, porque es justamente eso lo que más o menos estamos haciendo. Pero para que este diálogo no sea una intelectualización sobre la meditación, se cuidará en expresar los enunciados y afirmaciones, desde la experiencia misma de la meditación; es decir, no generar ideas acerca de la meditación, sino que generar un diálogo que tenga como base la experiencia meditativa.

Por lo tanto, podemos entender que la meditación, es una práctica y un estado, en el cual la atención se sitúa, y se podría decir, regresa a un estado originario, a un estado preconceptual de la mente. Así, la meditación nos permite y nos invita a relacionarnos de una manera preconceptual con el mundo. Preconceptual en el sentido de que invita a cultivar un estado especial de atención que se sitúa a priori o como telón de fondo de todos los fenómenos que surgen en la mente; ya sean en el campo de las ideas (el pensamiento), del campo emocional, o del campo corporal.

La meditación es un cultivo de la atención que permite hacer regresar a la mente al momento presente. En esta práctica de traer la mente constantemente hacia el presente, se va desarrollando una sensibilidad y una forma de percibir las cosas, diferente a la que habitualmente estamos acostumbrados. De alguna manera, la meditación permite darse cuenta, como primer hecho,  de que la mente no está tranquila, que en la mente suceden una serie de sucesos (valga la redundancia) que están en constante fluido, en constante interacción, en constante pugna. Por lo tanto, el primer hecho que hace ver la meditación es que la mente no está en paz y que no tiene control sobre sí misma: no tiene control sobre sus procesos mentales, sobre sus emociones, etc. De este caos mental, se van discriminando una serie de ideas, de pensamientos, de creencias y de conceptos que están a la base del funcionamiento de la mente, y este conjunto de elementos mentales, comienzan a percibirse como obstructores, como distractores de lo que sucede en la experiencia presente: a nivel perceptual, a nivel de mundo (los sentidos).

Como segundo hecho, en este darse cuenta de que estamos llenos de prejuicios, que estamos llenos de creencias, que tenemos pensamientos que no nos dejan tranquilo, observamos que, sorpresivamente, existe sufrimiento en nosotros. Existe un estado de insatisfacción constante, un estado de ansiedad constante, que nos va persiguiendo (en estricto rigor) las 24 horas del día. Ahora, este sufrimiento muchas veces no es explícito, y algunos lectores podrían pensar de que ellos no sufren, de que también tienen momentos felices y placenteros, y que no están todo el tiempo sufriendo. Sin embargo, este sufrimiento del que hablamos, del que permite la meditación observar, es más sutil, es un estado de malestar, de intranquilidad y ansiedad constante en la mente, que la va a llevar inevitablemente -la mente- a generar métodos de evasión a este sufrimiento que padece. 

Los métodos de evasión los podríamos entender como un escape constante y una persecución constante de experiencias que concedan seguridad. Estas experiencias que conceden seguridad son, en estricto rigor, placer. La mente busca, frente a su sufrimiento, experiencias que le concedan placer, y que la alejen del estado de inseguridad en la que se encuentra. Sin embargo la mecanicidad de la mente, no le permite observar de que esta búsqueda de placer alimenta y fortalece el estado sufrimiento e inseguridad que siente en sí misma. Ahí está el meollo paradójico de la mente. Estas técnicas de evación se traducen en cosas tan sutiles como deseos de comprar un chocolate, deseos de tener sexo, deseos de tener una casa, una profesión, una familia, de ser famoso, de que la gente lo ame. Así, la mente va construyendo una serie de dimensiones que buscan perpetuar este placer.

Por lo tanto, en esta búsqueda de placer, la mente va a comenzar a construir estructuras mentales que le permitan edificar una estructura central (ilusoria) que mantenga el placer, que mantenga la seguridad y generar la sensación de que está segura, unida, unificada y estabilizada. Esto se traduce en la construcción de una identidad central, un ego central y una autoimagen que le permitan generar la sensación ilusoria de que en la mente se encuentra una entidad estable (el yo) y continua, capaz de controlar y regular los fenómenos que vive continuamente.

Por otro lado la experiencia meditativa, concede la visión y certeza de que realmente el mundo -la realidad- está siempre cambiando, que la realidad está siempre en movimiento y es impermanente (como decía el Buda). Así que, como la realidad realmente no tiene estabilidad en sí misma, provoca que los deseos de seguridad y placer de la mente se vean constantemente frustrados. De esta manera, la realidad va cambiando y atropellando (algunas veces suave y otras veces abrupta) los ensueños placenteros de la mente, llevándola finalmente a un mayor sufrimiento, porque la mente a pesar de sus esfuerzos, observa que no puede mantener esta seguridad. Entonces va por más y por más, con la esperanza de algún día alcanzar la seguridad deseada, embarcándose una persecución constante que no tiene fin.

Así que, todo lo que se ha estado hablando tiene que ver con la experiencia del sufrimiento y el deseo. Pero durante la meditación misma, cuando se empieza a ahondar en esta dinámica mental, uno empieza a caer en cuenta de que el sufrimiento sentido por nosotros, tiene mucho que ver con los preconceptos e ideas que nos hemos hecho sobre nosotros mismos y sobre la vida. A su vez, al ahondar sobre esas ideas y preconceptos, nos vamos dando cuenta de que realmente no tienen una sustancia o una realidad propia y trascendental; nos damos cuenta de que nuestras ideas no dan cuenta de la realidad en la que vivimos, que la realidad es algo mucho más allá, y realmente no tenemos idea qué diablos es esto. Por lo tanto aquí viene el asunto complejo: en esta observación de la mente, se comienza a percibir de manera insólita y a veces muy tenue, que en la experiencia presente, existe algo que está "fresco" fundamentalmente, algo que está libre de sufrimiento, algo que es puro, que ha estado siempre, pero que la experiencia del sufrimiento impide la atención de esta especie de frecuencia o susurro, de una armonía insólita, una armonía secreta y abierta en el momento presente.

Aquí viene lo complejo, porque en estricto rigor esta experiencia, esta percepción de armonía, finalmente comienza a alejarse de lo conceptual. Pero esta armonía, al parecer está relacionada con una "experiencia" de silencio, o un silencio que es desconocido, cuyas profundidades no se conocen. Un silencio que comienza aparecer en la medida de que la mente observa. En este silencio algo parece comenzar a abrirse en uno mismo, y algo parece desaparecer en uno también, es este instante en el que el "yo" comienza a difuminarse: se comienza a caer en cuenta de la ilusoriedad del yo. Todo lo que se intente conscientemente para poder atrapar este silencio es en vano. 

Muchos maestros, muchos iniciados, hablan de que fundamentalmente en el silencio se encuentra la raíz de la mente y la raíz de todo lo que existe. Sin embargo todo esto es complejo, ya que esta verbalidad que estamos llevando a cabo no va a penetrar ni comprender la naturaleza del silencio. Por lo tanto, conviene optar por una actitud que consista en abandonar la pretensión de poder comprender intelectualmente todo esto que sucede en el presente y en las profundidades de la meditación. Más allá de esto, no podemos  hablar.


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V. S.



Anexo: para la profundización en este tema, aparte de la práctica de la meditación, recomiendo los siguientes textos:

Deshimaru, T. (1979) La práctica del Zen. Barcelona: Kairós.

Watts, A. (1999) Budismo. Barcelona: Kairós.

Trungpa, C. (1976) El mito de la libertad. Barcelona: Kairós.

Krishnamurti, J. (1954) La libertad primera y última. Barcelona: Kairós.

miércoles, 27 de julio de 2016

SOBRE LA PRESENCIA CREATIVA





Me pregunto, observando la experiencia que sucede en este momento, si es que existe otra forma de pensar, una forma de pensar que no tenga que ver con la forma de pensar de la que estamos acostumbrados, de la que hemos venido desarrollando a lo largo de los siglos.

Es curioso cómo los hábitos mentales nos van encasillando en diferentes rutinas, ya sean conductuales, emocionales, mentales; que van encasillando finalmente nuestra vida. De alguna manera, existe un patrón de pensamiento que evita la creatividad en nosotros, que se encuadra en hábitos mentales repetitivos que no terminan nunca. Por lo tanto, me pregunto si es que será posible vivir en otro "estado" de pensamiento, un pensamiento que esté caracterizado por la frescura, por la creatividad, por una capacidad constante de crear y también de destruir los modelos representacionales que crea la mente.

Un pensamiento creativo implica estar constantemente creando y deshaciendo los patrones mentales, las ideas, la imaginación, las emociones que llevamos dentro, las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Parece ser de que nuestras ideas sobre nosotros mismos (y nuestras ideas en general), actuasen como una muralla o un molde que ajustan la experiencia, que la lleva a un solo"carril" específico y estrecho, frente a un inmenso mundo de posibilidades, incapacitándonos de vivir esta inmensidad que es la existencia.

Así que, ¿por qué nos estancamos en nuestros hábitos mentales?, ¿por qué nos estancamos en la visión de nosotros mismos?, ¿qué nos impide atrevernos a crear nuevas realidades, nuevos mundos?. Pienso que gran parte de esta incapacidad y bloqueo es gracias a la educación que tenemos en este mundo occidental y "civilizado", el mundo que nos a tocado vivir a nosotros. Pienso que la educación, la cultura, la tradición, la familia, son los factores que nos impiden pensar creativamente, ya que desde pequeños, han aplastado la creatividad innata que tenemos, sustituyendolas por reglas, por parámetros, por formas sistemáticas de hacer las cosas. Esto, claramente es un adoctrinamiento consensuado, y un adoctrinamiento que, como consensuado, ya pasa de ser percibido. Estamos en un estado de prisión, el cual está aceptado socialmente, de alguna u otra forma, de un nivel a otro, pero aceptado finalmente.

Se nos hace muy difícil cuestionarnos estas cosas, porque la educación misma ha cortado y castrado esta sed de cuestionamiento. Las cosas se nos han dado como "están" y se nos ha impedido reflexionar al porqué de las cosas que vemos. No se nos ha educado para el cuestionar, no se nos ha educado para preguntarnos, para guiar nuestra experiencia hacia la plenitud de la que todos tenemos derecho.

Por lo tanto, estamos todos inmersos en una falta de creatividad mental y colectiva, en una muerte del alma, en un utilitarismo mediocre. Frente a esto me pregunto ¿po rque si las posibilidades parecen infinitas en cada persona, nos quedamos con tan poco?. Nos quedamos con nuestras propias casas, nuestros propios autos, nuestros propios trabajos, nuestras rutinas, nuestras formas de caminar, nuestros mismos lugares para vacacionar, nuestros mismos lugares para caminar ¿Por qué encasillamos el mundo, siendo que no es encasillable?, ¿qué es lo que nos impide que dejemos todo tirado y cambiemos el sistema de una vez por todas?, ¿que nos impide transformarnos, abrirnos al mundo?

El mundo es muy vasto, extremadamente vasto. En cada instante están sucediendo millones y millones de cosas. Es difícil que el pensamiento lo capte, pero me pregunto si es posible una percepción o un pensamiento que lo abarque todo, que sea un testigo omnipresente de lo que sucede. Quizás tal fenómeno no sería adecuado llamarle pensamiento, ya que correspondería más a una percepción, a una comprensión, a una revelación de la totalidad del universo.

Es impresionante pensar que mientras uno hace cualquier cosa, o está en cualquier situación, en el mundo y universo están sucediendo millones y millones de cosas. Por ejemplo, en este mismo instante, en el mundo hay millones de personas que están viviendo una cantidad inimaginable de situaciones diversas, con diversos contextos, diferentes pensamientos, diferentes intereses, sexo, tamaños, etc. Como también existen personas que están pensando lo mismo que uno y que están haciendo lo mismo que uno en este momento. Son infinitas las posibilidades de formas que ofrece el universo. Y si el universo es tan basto ¿por qué tenemos una visión tan estrecha de las cosas?  

En este mismo instante, en Jupiter, por ejemplo, están sucediendo un millar de tormentas, un gran número de fenómenos climáticos en este gigante planeta, mientras nosotros acá en la tierra reflexionamos sobre la vida. O, en este instante, millones de olas perecen en la costa de las playas; o un cangrejo está siendo devorado por una gaviota, una gaviota está siendo devorada por un gato; o animales están dando a luz; hay explosiones nucleares en el centro del Sol; hay galaxias en otros lugares; hay galaxias que nacen en otro lugar; hay una estrella que muere en otro lugar; hay una estrella que nace en otro lugar; hay meteoritos que caen en un planeta inhóspito; hay un planeta que está asentando las bases para una nueva forma de vida, hay otras dimensiones; hay portales hacia otras dimensiones; etc.

Siempre, en todo instante, suceden millones de cosas, mientras que aquí nosotros nos conformamos con una vida difusa, una vida carente de significado y de alma. Pienso que si fuésemos capaces de cultivar esta creatividad, los llamados "problemas" humanos comenzarían cada vez a valer menos. El problema es que tenemos una mirada muy estrecha de las cosas, no sabemos mirar. No sabemos vernos como una parte de un gran todo, de un mundo que está unido, un mundo extraordinario: de un mundo que está en armonía, en el cual la única pieza que está en conflicto es el Humano. 

Si todo el universo está en armonía, o, si todo el universo está funcionando sin juicios, sin un punto de vista, sin sufrimiento ¿porque nosotros pasamos por este caos enorme por el que estamos pasando? ¿por qué somos los únicos esquizofrénicos que creemos que estamos separados del universo? como si el universo estuviese "afuera" y nosotros acá en un mundo aparte haciendo nuestros quehaceres. El universo no está afuera, el universo somos nosotros. Somos nosotros porque a través de nosotros el universo puede manifestarse ¿si no, como lo haría? Una estrella es estrella porque nosotros somos capaces de percibirla, porque el universo se ha inventado una forma de crear conciencia generadora de experiencia del universo mismo. 

No podemos decirnos separados del universo, somos muy pequeños y gigantes a la vez. No somos ni pequeños ni gigantes a fin de cuentas. Nosotros somos parte de todo esto y no estamos separados ni nada por el estilo. No somos el centro del universo tampoco, tal como se pensaba en la edad media. Simplemente somos parte de un fenómeno sin precedentes: el fenómeno del suceso... del fenómeno mismo, del "algo".

El día en que nos podamos ver como seres que dependemos de cada uno de nosotros, y que el hacerle daño al otro es hacerse daño a uno mismo, las cosas van a empezar a cambiar. Pero para eso, debemos iniciar un proceso de descubrimiento que nos permita tener la certeza de que la vida va más allá de todas las ideas que podamos tener de ella. De esta manera, posiblemente, la creatividad se abra.





V. S.






LOS MISTERIOS DE LA SEÑORA DE LA NOCHE

¡Cuánto misterio residía en el templo antiguo de Xilión, dedicado a la diosa ctónica de las profundidades inciertas! Hécate, señora de la no...